La lazarillo y él
Entre los edificios deambulan fantasmas mal heridos, se arrodillan, se caen y desaparecen. Por los parlantes de las estaciones de subte y de tren les ordenan presentarse en una nueva dirección para recargar sus créditos pero algunos ya no tienen más cenizas con qué pagar. Desconocemos quien tiene el control de los micrófonos. Las sirenas no sonaron (nunca sonarían, creer eso fue naif)
El último descubrimiento – el de las veinte mil bocas que permanecían bajo los escombros- dejó mudos a los parlantes por catorce segundos, fue un momento delicioso porque me permitió no mirar alrededor y respirar silencio puro. En ese lapso armé cuatro fasos y dos bostezos.
Clementina no recuerda ni una aguja, no sabe qué pasó y se limita a tomar sus tres litros de agua por día. Necesito que transpire un poco y muestre signos de humanidad. Para mi ceguera el sudor es una fuente de dirección correcta. Estoy cerca de Clementina porque la huelo, la reconozco por su olor a Villa del Sur sin gas. Ella asegura que es injusto que yo sea reconocido por la mordida de mis pulgares. Antes todo era más dulce pero más fuera de foco.
Por los parlantes nos advierten que todo será para mejor (por las noches cambian y dicen que no habrá salvación) pero entre nosotros, a sotto voce, se comenta que en cada barrio nacerá un Olimpo con sus dioses y estamos atentos a los movimientos de las baldosas, tal vez por eso seguimos a los fantasmas, dicen que ellos son como los perros y nos alertarán enseguida. Clementina va delante mio para regar el camino con su presencia (creo que tiene poblemas de esfinter) aunque sé que mantiene los dedos cruzados como todo vestigio de religiosidad.
Escuchamos ruidos durante toda la noche. En la oscuridad, las almohadas recitaron sus ecos.
“¿Qué ella es ella?” me pregunta sin cesar el cubrealmohada. Huelo a Clementina. Está conmigo y no sé qué ella se esconde en ella, apenas reconozco los cañonazos del suelo. La guerra todo lo cambia, pensé, la guerra todo lo cambia, dije, y en ese momento explotó la bomba, como si Espronceda hubiera dado rienda suelta a su romanticismo más pagano.
El mundo había terminado pero las cosas vivas, rechazaban la invitación a abandonar sus cuerpos. “Esto es realmente una fatalidad” no dije, pero lo pensé. “Fatalidades eran las de antes” me contestó la almohada mientras recibía el sudor de Clementina, entonces me dí cuenta que si escuchaba a una almohada me sucedía la ceguera. Bajé los párpados para ahorrar energía e inmediatamente desperté a Clementina para decirle que no cesara en su ingesta líquida, y asustado pensé en colocarle una sonda.
Los mundos no explotan. Eso lo saben los pies que son los que se bancan la realidad. El resto del cuerpo dice: “Uh, loco… qué mierda… mirá como morimos” y los pies se callan el dedo para no discutir. Los pies saben que el piso sigue debajo, tienen una sensibilidad muy rastrera. Yo le hago caso, pero yo no me gobierno, entonces me hago caso y también me deshago caso. Ahora les hago caso y camino detrás de Clementina, vamos a buscar un resto de mundo, en el barrio debió de quedar alguno. Pisamos con cautela para no caernos por los abismos, justo ahora que estaban por inaugurar el subte le temo a la profundidad.
Novela
Capítulo 1
Ella es tan suave como el olor de una mañana de suerte
Capítulo 2
sin embargo
Capítulo 3:
…
-Tu novela posee una carácterística notable. La cantidad de hojas a utilizar impacta a favor del precio del ejemplar – me dijo Omar, mi agente literario.
En general, Omar, me favorece con sus críticas, tal vez para darme ánimos y que me largue a escribir otra. El otro día, mientras cenábamos en Ugatsu, le comenté mi pensamiento entonces, seriamente me dijo:
- Mirá no sé si tu novela soportará las críticas, podrán hacer hincapié en la gran diferencia de estilos entre un capítulo y otro.
- Bueno, pero yo quería hacer eso. Una ruptura de estilos que movilicen al lector. De hecho es un escrito totalmente atemporal, fijate que la mención a la mañana no implica ningún presente, la utilizo como sustantivo y no como circunstancial
- Si, eso es cierto. Nadie puede decir que no es un trabajo complejo – dijo mientras Alejandra nos servía las 32 piezas pedidas por nosotros y el consumo del vino avanzaba hacia la segunda copa – Pero no niegues que hay una diferencia notable que puede confundir al lector, sumirlo en un abismo, dar vuelta la página para ver si dejó sin leer alguna. Yo que vos pondría alguna palabra acompañando a los puntos suspensivos, pero no quiero meterme en tu trabajo. El artista sos vos
- No, yo creo que es momento de jugarse. De hecho esta novela propone al lector una actitud definitiva, o no la entiende y cierra el libro, o la repiensa. Creo que es la primer novela especialmente para ser recontruida- le comenté mientras las piezas de salmón ingresaban delicadamente a mi bocaza abierta y yo daba muestras de mala educación. Luego agregué un poco de wasabi a la salsa de soja – Vos fijate cuando Salvatore Quasimodo dice: “Cada uno está solo en el corazón de la tierra, traspasado por un rayo de sol; y enseguida atardece” yo creo que de alguna manera establece un precedente a mi obra
- Bueno, pero eso es poesía, lo tuyo es novela… son géneros distintos, Carlos
- ¡Otro logro más! por primera vez se unifican los géneros
- ¡Cierto! ¿Pedimos más vino?. Es evidente que aquí juega la idea de Macedonio que pone en práctica en el Museo de la Eterna, donde explica que es el lector un personaje más de la novela al repensarla y recomponerla. De alguna manera eso ocurre siempre, pero en este caso es obligatorio. El lector abandona la actitud pasiva de leer, y completa. Hay mucho de imaginación en tu novela que debe poner quien la lea. Yo creo que en definitiva rompe la hegemonía con el vanguardismo posmodernista, para ingresar en un posvanguardismo
- Dale. ¿Vos tenés algo de guita?
- Si, si…
- Bueno ese es el punto. Ha llegado la hora en que el artista presente un parámetro minimalista de datos y el constructor de todo sea el lector, provocando que entonces un novela sea tantas como lectores la hayan leído
- De alguna manera, entonces, al publicar una novela le estás dando espacio a quince mil novelas. Tantas como lectores… Eso es maravilloso, estás revolucionando el arte con la multinovela. Algo que me preocupa es el boca a boca. No sólo se puede recomendar sino también contar literalmente…
-Un motivo más de curiosidad. Che, ahí llega Marcelo, dejale estas tres piezas de sushi así las come y se siente en obligación de pagar
- Bueno, pero el vino lo terminamos nosotros, si quiere, que se pida una copa. Che Carlos ¿cómo se va llamar la novela?
- Bueno, yo quería un título barroco, medieval, para ella. Qué te parece: “Ella es tan suave como el olor de una mañana de suerte, sin embargo…”
Miscelaneas 8
Ojo: Hay gente que cree que posee un magma interno y sólo es el colesterol friéndolos.
Ojo, ese reconocimiento previo sólo intenta lograr la impunidad por la boludez que le continúa.
Ojo, Un viento frio viene del río es horrible.
Ojo, si yo tuviera que representar mi vida evitaría el puesto de productor.
Ojo, en el ser humano lo menos espontáneo es la cobardía.
Ojo, los gorriones miran burlonamente sabiendo que después quedará todo para ellos.
7) En este tiempo de división de uso horario en la República Argentina, llegué a escuchar la siguiente frase (en distintas ocasiones: ” Las nueve de la mañana en la costa este y las ocho en la costa oeste“
Ojo, conviene aclararle a los chilenos que no es una actitud invasiva hacia ellos, sino una demostración de discurso sin pensamiento crítico.
Ojo, en muchos casos la producción de esos programas cuenta con presupuestos infinitamente superiores a la de los que bastardean, y ni siquiera tienen una escenografía interesante.
9) El otro día fue el cumpleaños de un antiguo amigo mío y le mandé un sms diciendo: “El final se acerca, pero igual viví tu día con felicidad” Me contestó con una puteada. Yo hubiera respondido: “el final se acerca aunque no se cumplan años”. Se nota que ya no estamos en la misma frecuencia.
Ojo, la distinta frecuencia se manifiesta al mandar un sms y en no visitarlo.
La hoguera
La hoguera comienza a arder justo al mediodía y cuando el sol se pone, iniciamos el rito con maderas de mora.
El rumor de la tarde muriendo, atrae a los nigromantes que por poco ofrecen sus lecturas sórdidas, cada uno tiene un vaticinio rojo que a la luz de las llamas se hace más dramático.
Todo está por suceder y la inquietud agita los corazones de los participantes, alqunos querrán irse pero ya es tarde, ya se convirtieron en esclavos de su deseo.
A medida que el fuego crece el placer se confunde con la angustia y el temor. Se sienten vivos y en agonía, a la vez. Se sienten completos.
Empiezan a volar las primeras centellas, diminutas y frías aún, pero como una señal fatal. De pronto aparecen los rojizos enjambres de luz, destellos, fulgores, chispas que se convierten en mariposas enormes dispuestas a conquistar la primavera.
Los participantes huyen antes de que las mariposas se conviertan en huracanes violentos que los dejen sin vestidura, sin corazón, sin claridad.
Las luchas por escapar son atroces. se pisan, se aplastan, equivocan el camino, sufren la angustia mientras aumenta la esperanza en la fuga. Han visto el primer milagro y rehuyen al segundo, pero pocos logran partir del la escena. Las heridas son atroces, en la sangre dispersa por el laberinto hablan las miradas.
Mañana será otro día de otra vida.
Ellos ellas
Mi celda no permite palabras. Aquí guardo en botellas, los gestos que me decepcionaron para beberlos en mis madrugadas ácidas. El espacio es mínimo, tengo que tirar los recipientes vacíos para darle más lugar a la ceguera.
Hoy, al entrar, ví huellas de un fantasma indocumentado. Ayer no estaba.
Es una suerte haber llegado al refugio, estoy al resguardo de lo que no tiene brillo.
Ese fantasma tiene la exclusiva altura de sus caprichos, sin su pollera evita ser visible, araña la sombra del humo para no desvanerse con mi aliento y si quisiera espantarlo se abrazaría a los almohadones de nostalgia, por eso esta oscuridad callada se derrama como un café en un olvido blanco.
Aqui no se puede charlar, le digo al fantasma y el fantasma sonríe por la trampa tendida. No necesita palabras y no dirá ninguna aunque le esté arrancando los dedos y los pies. Los fantasmas no se desangran, viven el placer del dolor y el miedo, en una fiesta lúgubre. Se respiran la muerte y el desvelo es continuo pues no tienen párpados
Vero, sum via et veritas et vita
No nos conoce ese libro, ni el aire de este cuarto. No nos conoce la tenue luz de la lámpara , ni el humo plácido del Nag Champa, ni el sol de afuera, ni el jacarandá de la plaza, porque vivimos en otra muerte
No era yo quien ahí estaba y aunque mi vista tratara de demostrar lo contrario no hubo manera de convencerme. Vos regresaste y con una mano desataste tu pelo, entonces los anteojos convertían en algo renovado a tu cara, pero también siniestro, familiar y desconocido a la vez. Tenías el poder, pero no actuaba sobre mí, ni siquiera me aplastaba la fatiga de haber subido por la escalera.
Querías preguntar, saber de mis símbolos pero yo era mi símbolo, signo del noestar. El silencio me hace poderoso, y pensar que lo perdí en estos últimos tiempos (me lamenté)
Vos te mantenías a la espera, deseando que en mis huesos crecieran tus astillas hasta crucificarme.
La muerte es pequeña y suficiente, dije. Como aquellas noches en que se bebe poco, se ama callado y se parte desarmando el rompecabezas, y el silencio guardó luto, dije.
Esta escena fue profundamente sórdida. Yo no era aunque me escucharas, aunque el placer se intuía por detrás del armazón de tus anteojos y la profundidad más oscura de tu piel, yo no estaba allí y no podría afirmar que vos sí lo estuvieras.
Decir que estaban tus lentes no es decir que vos estabas. Esos fantasmas nuestros se nutrieron de ficción sin saber, entonces fuimos el lenguaje aparente de los secretos abiertos.
Éllosmi
Perdonaré al que provocó la pérdida de Stella y al que cometió las faltas que espantaron Julieta. Al que no supo amar a Paula y al que me llenó de horror al enamorarse de una histérica, a la que no nombro para no convocarla.
Todosellos dejaron sus papelitos de heladera, metafísicos, reclamando no ser juzgados con severidad.
Los perdonaré en algún momento pero no ahora, porque sigo sujeto a sus elecciones, a sus caprichos y estupideces.
Claro que tienen una excusa: ellos que fueron pasado en realidad viviron su presente, aunque limaron mi credulidad e inocencia, y todo pasado o futuro sólo tiene lectura en el ahora plagado de olor a fantasmas que esperan un veredicto.
Ellos me dicen: para amar de nuevo sólo debo esperar otro día.
A ellos los perdonaré (y tal vez sin saberlo ya lo haya hecho) pero están los otros (con los que no sé qué hacer) Los de los días ciegos y mudos que ni siquieran pueden pedir clemencia por su timidez. Los que nunca colmaron la copa, los que en la soberbía ocultaron su mediocridad. Los que creyeron que el universo moría con ellos y no sembraron y no rieron y no sedujeron, y evitaron la valentía, la beligerancia, y se tiraron en la litera del pabellón de castigos porque les dolían los huesos y esperaron que los despertara el teléfono mientras pesadillaban las huellas que los dictadores provocaron en su boca y en sus ojos, y sintieron que no habría otro día y su pureza no los defendió del dolor.
Lúdico
Sepamos los dos -vida mía- que no hay tragedias en esas marcas, que lo dramático está cerca pero no nos hace daño, que aunque no sea amable el tiempo afuera, vos y yo podemos ser amables y jugar todo el tiempo que querramos.
No nos hace falta ser severos en las reglas, cambiémoslas a todo momento, no tiene que estremecerse dentro nuestro el pudor porque los crayones nos defienden.
Podemos jugar toda la vida, a que no nos conocemos y en todo momento nos asombramos. Podemos jugar a que nos conocemos y ver como la vejez me debilita. Podemos jugar a que no jugamos y ser siempre distintos, igual estaremos felices porque construiremos juntos un juegos que nos salve. Podemos jugar a que desacralizamos lo que nos hiere y lo tomamos de la cola como si fuera un ratón y y lo tiramos afuera adonde hace frío.
Jugar a quien no somos para disfrutar sabiendo cómo nos modificamos.
Los juegos pueden ser infinitos sólo es necesario creer.
Sin verbos
Ella navega mansamente por su silencio sin pensar en palabras que le anclen las derivas, lo sustantiva poniéndole sombras que lamen la distancia.
Estoy ahogado en este idioma y respiro las metáforas de su voz. Como un combate ausencia a ausencia sólo queda olvidarla y resignarme a que pendulen unos cuantos recuerdos, pero la memoria es una inútil que aumenta las heridas sin matarme.
No hay alcantarillas en el lenguaje. Debiera aspirarme yo mismo. Dejar la nariz de lado y colocarme sobre la mesa, ordenado, medio en líneas parejas y luego aspirarme. Una nariz sola puede salvarse.
Todo el sonido está en este océano y siempre será de agua el lazo de la horca.
Tironeo de la falda del espectro como si tener algo suyo me diera alivio (como si un abismo me aliviara) Ahora no entiende por qué muero ni por qué abro la mano para soltar su pollera. Tantas ampollas derriban el silencio pero nos veremos en una tarde fría al lado de la ventana, como fantasmas errantes por el laberinto.
Desde el alcázar se ve el silencio como un horizonte mudo, sin fallas, ni grietas, como una mentira sin pruebas.
Afuera están todos los verbos conocidos, todas las frases por las que enfrentaría al universo.
El discurso del desconocido
Míreme. Estoy en este país tan extraño que ni nombre tiene. No es la primera ni será la última vez que camine por estas calles, que aunque desconozca aún mantienen el eco de mis anteriores pasos.
Usted no entiende de lo que le hablo, ni siquiera sabe quien soy, pero aquí estamos, usted y yo. Para que aprenda a reconocerme le doy este dato; estoy perdido y asustado, y me da miedo que lo sepan, entonces fumo y me quedo en la esquina que me angustia, como si estuviera esperando a alguien. Esta ciudad derrama citas por sus ventanas, de manera simultánea. Todos tenemos algún compromiso a toda hora; con el analista, con la persona que aún no conocemos y se conecta a las 21 en punto, o con un amigo de un amigo de un conocido con quien se pueda llevar a cabo un proyecto. Algunos tienen que encontrarse con el riesgo, otros con el deseo de ser queridos. Esta ciudad es una calesita de citas previas y desencuentros, de vanas expectativas y estímulos involuntarios.
Eso que deseamos aquí no existe, no llega nunca. En las mañanas nos despierta el ruido de la escoba de una mujer baldeando un patio, o esa cosa gutural que hacen las palomas o las torcazas –vaya uno a saber- entonces nos despertamos de ningún sueño y en ningún despertar, porque todo es vigilia de ausencia que no se sabe a quién recuerda. Este país es trágico porque nos asegura seguir viviendo en la clandestinidad de nosotros mismos, porque esto también quiero que lo sepa: somos ajenos nuestros, y nuestro único vecino.
Aquí, con tijeras de alcohol nos podan la tristeza condenándonos a permanecer inestables y en estado de exploración permanente. Las lenguas son grises y las palabras nunca dan en el blanco, tan sólo se aproximan a tientas y algo queda dando vueltas sin definición, es curioso pero aquí arremete el abandono y la urgencia, y nuestra voz hace cucharita con el corazón.
El tiempo se estira y los espejos se arrugan, entonces, nadie se prepara para alguien. El dolor propio se agranda con la indiferencia ajena y en algún momento del día miramos de reojo el Potrero de los Solos para ver si está quien amamos
Aquí las uvas destilan fernet, y el palo santo pone sal en el aire de la espera.
El Corazón del Templo de Pásago
Del esfuerzo de las alondras
su inalcanzable cúpula hace alarde.
En la mirada, sus ojos arden
al fuego de sus sombras
y presenta con humilde esmero
ventanas que hacen cielo
cuando se esfuerzan las alondras.
Muralla que no admite engaños, en el silencio consagra sus alas. En las plantas le nacen mitologías enredadas en humo de sahumerios.
Todo ella es una metáfora de su enigma, pero hay un punto misterioso (reducida inmensidad de lo inmenso) en donde anida la fascinación y se entibia la desnudez. Eternamente efímero y esclavizado por las formas de Euclides es el péndulo que marca el instante, la húmeda voz de su amor y el grito más animal y humanizado.
Por decir algo…
Soy un desterrado de Pásago, pero Pásago es infinita. No hay lugar fuera de ella, y permanezco en riesgo de ser ejecutado por no cumplir con el destino. Los acordes de su voz me alcanzan a todos lados donde voy.
Mis pasos responden al dolor de la distancia y quedan atrapados en un surco que continuamente profundizo y que no me permite correr en el llano. El alejamiento es imposible, ella –ya dije- es infinita, y también eterna.
Tan sólo tristeza nace entre los dos.
No lo dude, antes que nada debe pasar muchos años creyendo que el amor no existe. No alcanzarán ni uno, ni dos, ni tres años renegando del amor, deberán ser muchos porque sino todo podría considerarse una estrategia para convocarlo. Es menester para el caso que no sea absolutamente beligerante, apenas con decir: El amor no existe ya es suficiente. No tema, en casi todas las oportunidades que esté con una pareja la teoría quedará expuesta, y reafirmada. Actúe como si no lo sorprendiera y en verdad no lo sorprenderá. Todo pasa por saber que lo máximo a lo que uno puede aspirar es a estar de buen agrado con otra persona. Los matices de ese buen agrado son infinitos y su trama no debe ser asociada al amor.
En muchos casos podrá sostener la separación del Otro con mil motivos distintos, incluso en algunos casos sentirá dolor, desazón, tristeza, añoranza, pero siga su camino. Debe repetirse el amor no existe y el amor no lo molestará.
Nadie podrá rebatir sus argumentos necios y falaces, se limitarán a comentarle: yo lo siento y todos sabemos que esa premisa quita erudición a lo afirmado (en ese caso usted deberá pensar: vos porque sos un pelotudo)
Sabrá en un momento que su frase de cabecera (el amor no existe) es un talismán poderoso. Muchas personas querrán hacerle sentir amor y esa es la trampa del amor, en tales casos nada sucederá.
Pero tema, alármese, sostenga su fortaleza cuando alguien no le pida amor, tan solo su compañía. Tal vez esa persona llegue para enamorarlo, y puede estar en presencia de algo más desdichado que creer que el amor no existe.
Es posible que todos los antídotos intelectuales con los que se sostuvo durante 20 años se aplasten ante una imagen sencilla, si no me cree piense en esto:
¿Ha visto alguna vez a dos personas ancianas o a dos personas que no son lindas, para usted, mirarse amorosamente? ¿Se preguntó por qué se miran así? Pues, porque se ven lindos, y cuando ese lindo no tiene rigor estético ni cultural, estamos en presencia de un amor profundo.
Tenga cuidado. Si esa idea lo seduce puede estar preparado para sufrir un gran amor.
Fiesta
Esta noche habrá fiesta y cada uno entregará lo mejor de sí, incluso yo me sentiré el centro del encuentro.
Cada uno lucirá sus mejores esperanzas, los trashumantes nos ofrecerán los más dulces cansancios, lo bailarines y músicos actuarán felices, las estrellas nos harán creer en que algo más nos espera.
Las muchachas dirán que no las tomemos en serio cuando nieguen su amor y los viejos quemarán el escepticismo en las antorchas que iluminan el laberinto.
Por una vez todo será para nosotros y por nosotros, y no habrá ni ellos ni otros. El universo será este palmo de arena que los ingenieros han tejido para sofocarnos, pero al que le hemos dado vida,
Esta noche el vino llenara las copas y las bocas de los sedientos, y verán asarse la carne del toro, que los saciará de olvido (hasta el reencuentro en donde no recordarnos).
Fiesta
Cada uno lucirá sus mejores esperanzas, los trashumantes nos ofrecerán los más dulces cansancios, lo bailarines y músicos actuarán felices, las estrellas nos harán creer en que algo más nos espera.
Las muchachas dirán que no las tomemos en serio cuando nieguen su amor y los viejos quemarán el escepticismo en las antorchas que iluminan el laberinto.
Por una vez todo será para nosotros y por nosotros, y no habrá ni ellos ni otros. El universo será este palmo de arena que los ingenieros han tejido para sofocarnos, pero al que le hemos dado vida.
Esta noche el vino llenara las copas y las bocas de los sedientos, y verán asarse la carne del toro, que los saciará de olvido (hasta el reencuentro en donde no recordarnos).
Final de Juego / Inicio de Partida (2)
Las letras le picoteaban en la garganta con la intención de desayunar, pero no se inmutó. No dormir lo había anestesiado.
Quiso encender una fogata usando algunos sustantivos a los que buen combustible, pero pensó que los piratas podían estar cerca y acechando, así que sólo los frotó contra sus brazos y piernas cuidando no acercarlos al pecho. Las cosas sobrehumanas que estaban contra el pavimento lo empujaron a caminar. “Cada vez que nace un misterio lo hace de manera impensada, silenciosa y fatal. Nadie puede enfrentar un misterio nacido en la noche mientras uno está aterrado con sus propias claridades” se dijo y guardó un poco de oscuridad en el bolsillo izquierdo del pantalón. El frío pesaba en la cabeza y los hombros. Algo cambió los imanes de los astros.
El mundo entero seguía tan vivo como la muerte, pero sin manera de comprobarlo. Sólo se escuchaba el silencio de los pájaros muertos y el roce de una canoa deslizándose en la laguna de cenizas que el día anterior había visto sin mirar.
Creyó que eran los piratas y su mano se aferró al cuatro de melatonina, como si fuera un puñal o un talismán de protección infinita. (hasta los talismanes saben que los talismanes no existen) pero su mano sólo conocía las premisas del azar y del amor. Entonces escuchó cantar a los Ynút.
Los Ynút cantan en voz alta, esa es su habilidad, creen que así desatan la magia de las ramas secas y sus canciones contribuyen con la primavera. Son inofensivos si uno tiene la precaución de no entenderles. Todos los Ynút son machos. Nadie sabe como se generan. Posiblemente en el centro de la Laguna de Cenizas haya una máquina de clonación, pero no se escuchan ruidos.
“Etreus ed anañam anu ed rolo le omoc evaus ant se alle” cantaban los Ynút mientras pasaban a unos metros de él, ignorándolo.
Se dijo que el Cantar de los Ynút fue utilizado en un documental acerca de ellos, allí murieron todos los espectadores en el minuto 24 de proyección. El director de sonido lo había hecho un mes antes. Sin embargo para otros sus melodías calman las angustias.
Otros, ellos, claman en un horizonte sin luz, pensó. Otros, ellos, amantes del delirio buscan la disonancia que agriete al mundo. Otros, ellos, no saben que el abismo son los pechos dulces de una tirana, se dijo y pensó en ella pariendo la gran roca.
Final de Juego / Inicio de Partida
El arcano misterioso está en los dedos descompañados y asolitarizados.
“No deben caer todas las palabras, las letras son polvo pasado y se desmoldan”, se dijo, pero la nausea lo empujó afuera de la silla.
Los invisibles lo miraban en silencio, esperaban su reacción para decidir el estrecho color de las nuevas uvas.
“Debería quitar la sangre que sale de mi nariz” se dijo (y se lo repitió en voz baja para no hacerse caso).
Colocó el cuatro de melatonina en la manga, se esfumaron las fichas de su apuesta y se fue.
La única nube (como si fuera la primer página de Crónica) decía: “tan desacralizado como una carta caída en la banquina”. Guardó esas letras, sabía que las necesitaría para cuando tuviera sed.
Ya con la tardenoche invadiendo el universo, buscó un árbol desde donde vigilar. Tardó horas en encontrarlo. El olor a caracoles secretos lo impulsaba hacia adelante.
A medianoche se trepó al único arbusto que encontró y buscó en la planicie una mancha de fuego o de luz artificial. No la había, todo era negro, entonces sacó el cuatro de melatonina de su manga y simuló verlo como si fuera una fotografía de toda su vida, después intentó tranquilizarse, supo que los piratas estaban lejos y no lo quemarían esa noche, pero no pudo dormir, los invisibles habían atado sus párpados con cuerdas de cebolla.
Mientras tanto, unas cosas sobrehumanas estallaban contra el pavimento y expandían uñas apuntando a la debilidad.
Desde las banquinas negras llegaban los ausentes. Humectaban el aire con retornos desfigurados. Vanamente se repartió sus mejores recuerdos antes de que se los robaran. Cruzado el umbral de la evocación supo que la memoria lo iba a traicionar. Ser inteligente es ser cruel, o con uno mismo, o con el otro… se dijo y guardó todas las letras.
El tiempo era un pájaro muerto que dormía junto a él.
Tres Cuentitos Tontos
La Sultana
Guía las caravanas en el desierto y cuando halla un dátil lo muerde y sonríe. A nadie le gusta verla llorar, pero ella conoce el secreto de los oasis del adiós y sus sicarios.
La atrae fugarse entre los peligros del perderse, porque le hace sentir miedo y poder. Carga con un remolino de espejismos que la azotan.
En la aridez oscura deja los cadáveres de la caravana hasta que se hundan perdiendo los rasgos, erosionados por el polvo, secos.
Esto la tranquiliza.
Yo sé
Yo sé que un día el aire entrará viscoso y frío entre las plumas de los pájaros que caminen melancólicamente picoteando hilachascadáveres en los cementerios desordenadas, y su mudez rebote contra el hormigón desarmado de la ciudad.
Yo sé que el cielo no variará, que todas las distancias serán iguales y no habrá puntos de salida y puntos de llegada.
Yo sé que las serpientes serán transparentes y fáciles de detectar enrolladas en los caños oxidados de las calesitas ya sin caballos de madera, ni carros, sólo con el sonido de engranajes oxidados que mueve el viento.
Yo sé de las rutas perderán la prolijidad, agrietadas por las últimas semillas de cardo para nacer negras y secas antes de dar su última flor. y que miles de botas embarradas y sangrientas, en las banquinas, nos hablarán de su intento de huida, y que en algún lugar algo hará un ruido como de chispas o de agonía.
Zaz turned faded
Durante la lima de los agostos, como diría Luc, el corazón consternado se rebela y aumenta el volumen extendiéndose hasta provocar grietas en el tórax.
Es así que en su carrera descendente choca contra el diafragma primero, luego el estómago, y el páncreas cierra la maratón, pero hacia arriba encuentra el camino liberado si halla el esófago y luego la garganta (de ahí viene el famoso nudo)
En ese movimiento ciego y doloroso choca violentamente con la lengua y se funde en ella. Consolidando un solo músculo, un solo órgano.
El corazón no sabe hablar y la lengua no sabe sentir. Esto significa que no se entenderán y uno terminará diciendo muchas boludeces al intentar revelar sus acciones.
La mente trata de organizar el discurso pero termina neurótica y subordinada al nuevo poder cardiolingual.
El punto es que el nuevo órgano al no manejar el uso de las palabras no puede dar respuestas a cientos de preguntas. Entonces busca el camino hasta la memoria para borrar las cosas que dañaron y comenzar a creer en los placeres. Lo que pide es algo de alivio pero la repuesta la tiene el otro.
Buenos Aires, noche, gente, frío. “Si estuvieras acá conmigo sabrías de lo mal que me hace que no estés conmigo” En los colectivos, los boletos no incluyen suicidio, y por eso sabe que debe bajar.
Que sube al colectivo, que pide uno de 90 y que vuelve a casa. Que no hay nada para contar y poco donde morir…
Párpados
Utiliza la inmovilidad como talismán. Permanece acurrucado. Busca relajarse y trata de no pensar, pero es inútil. Como si fuera una encomienda extraviada en un casillero ajeno, el sueño no se hace presente.
Siente fracaso y sequedad en la boca, pero no quiere levantarse pues se podría despabilar para el resto de su vida.
Entonces cambia a otra postura más estirada, boca arriba, para luego modificarla en un ciclo de idas y vueltas que no provocan alivio más allá de unos segundos.
¿Cómo llegará la mañana? piensa. Luego piensa que no habrá mañana o que sufre una maldición. Más tarde asumirá que murió pero que sigue despierto y entonces ya no importa si habrá mañana.
Al sentir impotencia se animará a ir hasta el baño, sabe que sentirá frío y será una adversidad para el descanso. Lo acompañan la tos y el mal humor (que al regreso se convertirá nuevamente en angustia)
¿Cómo es eso de estar muerto y poder pillar, estar muerto y sentir angustia?
Guarda esperanza en el retorno al calor de la frazada, lo aliviará, piensa, lo cuidara se dice, lo acunará, desea. Son engaños tramados por su mente que no deja de acosarlo. La angustia se hace insostenible y la tristeza también. Está expuesto a lo que no debiera ocurrir pero ocurre sin piedad.
Dicen que un momento antes de morir, toda la vida pasa frente a los ojos de uno, en cambio en esta situación, un momento se detiene frente a los ojos de uno como para toda la vida, y se repite sin necesidad. La pesadilla ingresó a la vigilia, y ahora ocupa todo el cuarto.
La oscuridad de la escena desarticula la importancia de los párpados. No importa que estén cerrados o abiertos. Sólo importan sus preocupaciones, sus caminos trabados, su no trabajo, su frustración, su aislamiento, su ajenidad, su exclusión, su reemplazo, su materia disolviéndose en el tiempo y en el tedio. Pronto llegará la señal de no soportar más, entonces se levantará, tomará ese revolver barato, lo pondrá en su boca y disparará. A la mañana siguiente alguien al encontrar el cadáver, con gentileza cerrará los párpados que el horror mantiene abiertos.
Verbos mudos
Este es mi lugar. Los que me conocen saben que malduermo, y tal vez me sospechan pájaro detenido detrás de esta ventana desde la que sólo veo el edificio de al lado, que está pegado a mis ojos, ligado a mi ahogo (aunque sea invierno).
Esas ventanas multiplican la oscuridad haciéndola más inquietante. Unas pocas manchas de luz que refleja mi heroico velador sobre los tabiques y paredes de los vecinos alcanzan para saber hasta donde llega el aire.
No pienso en nada, es decir no tengo nada que sentir, apenas las fragancias del Nag Champa que me dan una compañía etérea e invisible. Fumo.
No sé el por qué, pero cada palabra pierde sentido y te vas transformando en la vibración de un gongyo que flota por sobre mi entendimiento, sin forma y sin noticia. Sin pronunciación. Fascinante y cerca, pero también, como un cuerpo que busca más allá.
Criminal
Los cuatro golpes certeros igual que balas, ingresaron en su pecho.
El hierro de la barreta rompió el esternón y ya no pudo hacer nada más que observarme con cara de estúpido que perdona, .
Miré fijamente la herida sangrante cuando el hierro penetró por quinta vez en el cuerpo, apenas frenado por el crepitar de los huesos. Al ingresar rozó el corazón, entonces dejé a un lado la barreta y comencé a escarbar con mis manos. Nunca, como en ese momento, las imaginé tan pesadas y profundas, amarillentas acaso.
Piadosamente su corazón confundido se resistía a callar, no quería ser espiado al dejar la vida. Le consedí unos instantes, miré hacia un rincón mientras colocaba de nuevo la mano en mi boca para saborear el sinsabor de la muerte y cuando regresé la vista hacia él, ya habían iniciado el destierro. Con un cortapapeles intenté separar las fibras del corazón.
Ni siquiera se me cruzó la idea de lavarlo, porque eso sería una blasfemia, un acto litúrgico de humillación.
De rodillas aún, al lado del cadáver, comencé la búsqueda de los secretos más íntimos. Escurrí la sangre, ya fría, para hallar los nombres escritos en su interior y espantarlos como a palomas, haciendo que se fugaran para perderse en las calles, hacia otro hospedaje, pero no los hallé. No estaban escritos en la carne. Las letras que talló Eros eran más sutiles que lo esperado.
No sentí asco ni miedo sólo ansiedad y un poco de vértigo. El olor de la sangre me atrapaba dulcemente al adherirse a mí.
Los ruidos de la tarde entraban por la ventana abierta, los colectivos, las voces que pertenecían a un diálogo gritado entre dos adolescentes, una sirena lejana… todos seguían en su vida mientras ignoraban que se había asesinado a un hombre.
Talismán
Te prometí -en voz baja- los sueños más azules de las morochas horas, y para no equivocarme fui colgando en el alambre del lavadero cada uno de los pasillos que supe no me acercarían a vos. No pude descubrirlos todos.
Esta tendencia a lavar pasados y hacerlos olvido me hace sentir afuera del laberinto, pero la geometría no se desvanece con las intenciones
Los mortales temerosos de la suerte
embarcados en sueños a la deriva
transitamos sin encontrar la salida
del oscuro laberinto de la muerte.
Endiablada condena que nos envuelve,
(perseguir los silencios de las lejanas
lunas). Entreviendo suceder mañanas
Como dolor que parte y dolor que vuelve.
Cercados por palabras que nos aislan
las circulares paredes suceden.
El laberinto de tiempo procede
a construir sus vanas utopías.
Una mitología de ilusiones
deslumbra el suceso y genera
la esquina donde el Tedio, espera
de un salto devorar las emociones
El Destino goza al desafiarnos,
rige al Azar, para enfrentarnos
con el coraje y con la tristeza.
Secretas leyes de un perverso torneo
Espían los pasos y los deseos
matándolos con premura y certeza.
Misceláneas 7
Ojo, siguen complementándose
2) Escuchado en la calle de una chica glam a otra
“Al principio no comía y me dolía la panza, después, al día sin comer me dolía la cabeza, pero ahora me acostumbré y estoy dos días sin comer y no me duele nada”
Ojo, el muerto es el último en enterarse sobre su estado de salud
3) Mirá te paso esta dirección para que vayas. Es un concurso de novelas, igual no te hagas ilusiones
Ojo, ¿aceptar desafíos no requiere esperanza?
4)
Ojo, a veces el silencio es lo mejor
5) Ella dice que lo extraña, pero no quiere verlo. Él dice que la cuida, pero luego la hace llorar. Ambos dicen que se quieren, pero alternativamente se apuñalan.
Ojo, Tinelli debe estar preparando un programa de cámaras sorpresa y jodas re pesadas.
6) Si algún director de cine decidiera hacer una película sobre mi vida, el musicalizador tendría el trabajo más fácil, usaría la música del final de Esperando la Carroza.
Ojo, si hace un documental corto con la cortina de Los Tres Chiflados ya está bien
7) Sería bueno que alguien nos pasara un fondo musical ante cada situación que vivimos. Sabríamos qué cara poner y no tendríamos que experimentar tantos sentimientos.
Ojo, me parece que hay un sentimentalizador que nos jode aunque estemos en silencio.
8) Si estuviera al lado tuyo te devoraría, como solamente puedo extrañarte, me devoro.
Ojo, me estoy pareciendo a José Narosky, ¡utamadre!
9) Ojo, a veces es bueno no ocultar todo, pero ¿qué seleccionamos para decir?
A veces lo bueno es no resignificar y tomar las cosas como son dichas
10) Cuando quise cerrar el blog, tuve 20 comentarios, al continuarlo tuve 2
Ojo, estaban más cansados que yo (siempre pasa)
La Astróloga
Aquí había sido primero la seguridad del no. El métodico destello de la inseguridad y mi timidez. La vaguedad de creer que lo feliz debe ser triste. El juego montado en la indiferencia y lo previsible: Esa mujer no me mirará… Esa otra reirá de compromiso… Ese mozo no verá mis indicaciones para traerme la cuenta… Esa avenida dejará de llamarse Julieta para cambiar su nombre por el de la Astróloga…
De alguna manera manteniendo la misma rutina, las cosas se transformaron en otras. Se desbordó en nuestro placer el zumo amable de lo distinto. Todo se hizo de otra cosa sin darme cuenta de lo diferente.
Acaso la embriaguez taciturna de la Astróloga hiciera que mis dogmas se profanaran con el perfume de sus sahumerios hasta el rito de blasfemar la mirada y el labio partido.
No convivíamos, pero el baile daba comienzo sin alterar lo estático. Una antagonía amorosa para no ser devorados. En nuestro vocabulario no existía la palabra: amor. Éramos dos juguetes que se jugaban mutuamente.
La magia permanecía en algún lugar entre la ventana y el orgasmo, sin embargo, nos comportábamos amablemente incompatibles, pero cercanos.
La Astróloga se esmera en el orden. Acuña el arcano de hallar mis astros, yo en tanto, me disciplino involuntariamente en acciones de encubrimiento, pero ninguno triunfaba sobre el otro porque imperó la sensualidad de ser el otro, el buscado, el temido, el que podía hacernos daño y nos aliviaba.
Escuchábamos música mientras nos miramos para confirmar que el otro era un cine, una ficción que se desarrollaba frente nuestro y nos elegía.
Ella hacía el café, ponía la mesa, acercaba el desayuno, untaba queso en el pan y yo la disfrutaba con pudor. La Belleza no puede ser tan simple que pase delante mío sin cegarme, me repetía yo mismo. Nunca seré tan ella, me decía, y me consternaba pensar eso y darme cuenta que sus maravillas no eran conocidas por el resto del mundo, y a la vez me sentía orgulloso de ser yo quien la viera así aunque no encontrara motivo porque en nuestro vocabulario no existía la palabra: amor
Después, mientras volvía a mi casa en Estambul o en Lyon y el diccionario se dormía contra la ventanilla del colectivo, sentía que había amado. Pero la felicidad debe ser triste, repetía con beligerancia mi último credo hasta convencerme de que eso no era amor.
Llegó el momento en que la Astróloga se desmayó. Una mitología de angustias y mares oscuros asedió mis pasillos. La perfección de la tormenta golpeó mis ojos con miedos seculares, agrietó los sedimentos del corazón y aparecieron los gajos tiernos que ella había plantado. Tan asombrosos como las lágrimas bajo la lluvia.
No te pierdas, le decía asustado, no te pierdas en el desmayo y ella me miraba y no entendía que yo había encontrado las flores.
En nuestro vocabulario no existía la palabra: amor, y nadie creía que yo pudiera dejar de ser amante para ser enamorado.
Cada palabra era aceite que nos impregnó de sensualidad. Pero no bastó y esa maldición castellana, de poder estar sin ser, secó el húmedo pliegue del amor.
Pasillo de salida
No sé escribir, pero tengo la fortuna de reconocer que lo hago mal.
Así que… bueno, tal vez nos veamos en otro lugar algún día.
Ahora, andate a buscar espacios menos inhóspitos y fríos que este blog.
Aquí, solo un galpón de silencios y olvidos.
Cualquier voz en intento, chocará contra los muros El destino es implacable y lo que se mostraba sólido apenas fue un desafío para el tiempo.Todo acaba o al menos todo cambia hasta desgranarse en lo virtual y en lo real (si es que no no son dos caras de lo mismo) Es hora de seguir a muchos comentaristas que me precedieron en la salida.
Digo que este blog llega a su fin. No tengo nada más para escribir. Desde hace tiempo, cada día fue borrado un post y ese vacío se acerca. Debo dar gracias por el instante que me dedicaron y les aseguro que yo también dediqué mi tiempo a ustedes.
Asterion
Ante mi sangre no aparece el reflejo de mi cuerpo. No saber quien soy me quita peso.
No tengo definiciones que defender, ni histéricas esperanzas que me lleven al fracaso y la humillación.
Afuera, los amores polinizan al sufrimiento. Afuera, todo muerte, acordes del no, melodías de lo efímero, pero hasta aquí no llega el ruido de la muerte limando los barrotes conque Amor intenta protegernos.
Aquí vivir es un sueño sin imágenes.
En otro orden de cosas
Te amé de manera infantil, sin saturarme. Corriendo por tus pasillos y frenando caprichosamente. Amarte por entero, de los pies a los cabellos, es una idealización burguesa. Yo prefería lamer tu codo y que me intrigara el oído para después morir en el misterio del oído en víspera de tu pierna izquierda. Y quitar las lagañas de tus lunas rosadas, pacientemente, sin saber nada de vos más que rumores de placer y eternidad.
Te amé nacido en la muerte al desprenderme de mí para gobernar por vos, tu cuerpo y tu tristeza. El arte de la adivinación y la magia te construyeron Ella.
Ella, la que ya no está, la que se ha ido con el universo en donde abrigaba mi deseo y mi pensamiento.
Este laberinto y su huésped -que yo creía construcciones ajenas- eran reflejos de mi mente y su monstruo, engaños de un misericorde espejo para no mostrar el horror. Saber esto es el último paso antes del exilio.
Ellasdos
A veces, salíamos con Lorena a caminar o a tomar un café y ellas me provocaban. Me distraían No podían permanecer calladas.
Yo intentaba ponerme serio y mantener la conversación con Lore, decirle cosas como: “En esta vida hay que ser muy precavido” pero para ellas la vida era menos solemne y preferían divertirse. Hasta llegaban a decir rimas groseras aprovechando las últimas palabras de mis oraciones.
No eran demasiado grandes, ni demasiado chicas, ni muy redondas, ni en punta. Tampoco eran el término medio, pero eran muy simpáticas y ocurrentes.
Sólo hablaban conmigo. Lorena no las escuchaba, ni siquiera en la ducha cuando cantaban Singing in the rain a dúo. A veces, me despertaban susurrándome al oído y se dormían con mi voz en su piel.
Fingían estremecimientos y cuando por algún motivo yo contestaba con mal humor, ellas utilizaban el truco aprendido. Nos hicimos muy compinches, tanto, que a veces era un ménage à trois, pero un día dejaron de hablarme. Al tiempo se llevaron a Lorena.
A poco después
Tanghídico
Y todo parece estar hasta que se va sin aviso y entonces queda un recuerdo con la consigna de ahuyentar al olvido y la ingenuidad de creernos mejores porque no olvidamos.
Al recuerdo de Claudia lo abrigan los grillos. Si no fuera por la débil constancia y la insensata delación, la hubiera olvidado en el fondo de otra sangre, como a Gustavo que me lo devuelve el fernet con Cinzano.
Nosotros ya no somos los que aman, sino los que recuerdan para creer que seguimos amando, pero a veces hay vientos cálidos de primavera que me hacen recordar el vuelo de la pollera de Micaela o el viento frío de abril que me trae media docena de ausencia.
Todos escapamos de la escena para simbolizarnos en los detalles corrientes y múltiples. Como caricaturas que restaron su piel a la imagen.
Y entonces, los grillos son más ella que ella, y el viento que iza polleras es más Micaela que Micaela, pero Micaela y Claudia serán otras cosas para otros, hasta que todos los aconteceres las recuerden y su yo, sea un símbolo indescifrable para su confundido yo.
¿Qué aroma despierta mi recuerdo en vos? ¿Qué brisa te hace decir mi nombre casi olvidado? ¿Qué mirada te recuerda mis manos?
Un otro
Estaba segura de que convenía vaciar el sentimiento en ese momento y no esperar a que avanzara. La miró y supo que ella nunca había entendido.
Había sido engañada por la creencia de que el amor es secuencial y crece a medida que pasa el tiempo, sin embargo, él sabía que era lo opuesto. Puede mantenerse el amor pero no ser superior al día en que uno toma conciencia del Otro.
Entonces aceptó lo que ella dijo. El amor no está sujeto a explicaciones.
Ella nunca más tuvo necesidad de hablarle. Él, en cambio, tuvo necesidad de saber, pero nunca le habló para que no tuviera que inventar explicaciones indoloras.
No paseó más por las zonas por donde caminaban y cuando una mujer con la que está pide lo mismo que ella pedía se disculpa y se va (aunque parezca mentira esto lo hace misterioso e interesante)
Cuando le preguntan por ella, contesta acerca de otras. No la nombra ni con eufemismos. Borró de su vocabulario todas las palabras que lleven la sílaba inicial de su nombre. Esto es difícil dado que algunos verbos y sustantivos eliminados son necesarios para la construcción de un discurso amoroso claro, pero se arregla. También logró que su percepción cambie bruscamente el color de la ropa con que la recuerda y no sea similar a la de otra mujer.
Pero lo mejor fue cuando se dio cuenta de que ella no hizo esos ejercicios y aunque ya no le interese, recuerda al hombre del instante de la separación.
Ahora él habla menos y su sonrisa es más seductora, sus ojos pronuncian palabras mejores, y las manos aprendieron a hablar en cuatro idiomas.
Sólo le queda (de lo que ella conoció) abandonar la costumbre de escribir en un blog.
Camina por la calle como si ella no hubiera existido, le agregó a otras mujeres, las virtudes y defectos de ella, haciéndola desaparecer.
Está seguro de que el día que lo vea le dirá a su amiga: “Ahí va ese…” y su acompañante le responderá: “No, ese no es como me dijiste que era…” y en su mundo aparecerá uno más que no le de bola.
El capricho habrá cambiado de manos.
Humo
El primer indicio fue en una noche serena de invierno. Todas las barcas se perdieron, algunas quedaron hundidas cerca de la costa, otras solamente desaparecieron. No supimos qué pudo haber pasado con ellas. En la mañana salimos a buscarlas pero sólo vimos restos inservibles.
Por la tarde, en medio de la búsqueda encontramos cinco cadáveres. La familia Nourto había sido asesinada.
La aldea es un lugar sencillo y pacífico, los únicos que tienen armas son los dos del destacamento policial, Soria y Mehesi, pero ellos no fueron, antes del anochecer los encontramos destripados en la playa.
Somos tan elementales que ni supimos de quién sospechar, pero alguien había sido.
La siguiente víctima fue Alfredo Mendía, el farero, que cayó o fue empujado desde las ventanas más altas del faro. Antes de pasada la primer semana 65 personas habían sido asesinadas.
En la semana siguiente, no ocurrió nada grave, salvo que todos estábamos temerosos de salir, y habíamos organizado un patrulla, yo no formé parte de ella, y creímos que así habíamos controlado la situación aunque el asesino no fuera descubierto.
A la semana próxima otras cuarenta personas murieron, la mayoría asesinada, y otros por dormir con el bracero y las puertas y ventanas cerradas con tablones a causa del miedo. Dos matrimonios se suicidaron con veneno atacados por el pánico.
Entre los ciento nueve vecinos muertos figuraba gente de todas las edades, viejos y jóvenes, débiles y fuertes, hombres y mujeres.
Las sesenta y nueve que quedamos con vida nos agrupamos en la Iglesia. Llevamos remos, palos y todo lo que pudiera representar un arma que nos ayudara. No hubo caso. en diez días sesenta y siete fueron masacrados. Solo quedamos Ballester y yo. Hace dos horas salí a buscarlo porque no lo encontraba y me topé con su cadáver cerca del corral de ovejas. Regresé corriendo a la Iglesia. Entré, trabé las puertas y me escondí en la sacristía, ahora noto que del cenicero emerge el humo de un cigarrillo mal apagado.
Tregua
Ya no me resulta gracioso. Al principio hasta te digo, que era un poco… no sé… erótico. Pero ahora ya no me seduce.
Reconozco que tuve algo de culpa por la manera en que se fue destruyendo esta relación. Tal vez acepté demasiado sin saber poner los límites. Me resultaba divertido verte enojada, maldecías a todo el mundo y caminabas de un lado a otro por la casa siempre refunfuñando, y dándole a la maldición, amenazando… y ¡ojo, eh! qué cuando vos amenazás, sos de temer, pero a mí, que querés que te diga, me calentabas… yo me ponía a full y vos lo sabías aunque después te mandaras la parte y en cuanto tuvieras oportunidad me clavabas los dientes mordiéndome con ganas.
¡Claro! qué le voy a hacer… yo también me lo buscaba. Lo feo era que escupieras mis pedazos de carne por detrás de los sillones, como queriendo ocultar lo realizado, sin hacerte cargo de tu violencia.
Sí… si, está bien, lo corregiste y nunca más sucedió.
Desde entonces, fuiste más cuidadosa. Cuando llegaba más tarde que lo habitual, me esperabas con un frasco ya preparado para la ocasión. ¡Y entonces, sí! ¡Minga de tratarme irrespetuosamente!… Ahí están guardados de manera metódica los 3 dedos de la mano izquierda que me amputaste a dentelladas aquel día que me viste charlar con la vecina. También acomodaste como si estuvieran saludando, los cinco de la mano derecha, y en el estante de arriba del televisor, cualquiera puede ver que mis dos tobillos fueron cortados sin un rasguño siquiera.
Incluso, tengo que aceptar que pones buena voluntad y les cambias el formol a los frascos y pasás el plumero por sobre las tapas para sacarles ese polvillo que queda tan mal.
Los cartelitos, que a manera de etiquetas, te esmeraste en colocar, también señalan un detalle de buen gusto.
En cambio, no me gusta tanto, que en el mismo recipiente hayas juntado a mis orejas con mis labios y con mi nariz, porque me da un poco de aversión, repugnancia… ¿sabés?
Pero igual, no nos vayamos por las ramas. Creo que lo mejor para nosotros, por ahora al menos, es separarnos un tiempito y ver qué pasa…
S O S
Las gotas del abu
Dark
Me esconde el horizonte y me obliga a cruzar inconsciente la frontera. Más allá de todo, siempre está la burla.
La piel del ángel, a un costado como un felpudo lampiño, nos mira con ojos de amapola ignífuga. Otra mueca rígida sin pretensión de alerta
Pocos eligen morir de arriba a abajo, sin siliconas que narcoticen los los huesos tensos ni el crepitar de la espalda. Más allá de todo, el acorde desafinado. La voz de quien no esperamos. Las escamas del cielo y el abrazo del opio.
Hasta recién estabas conmigo, alcohólica, desnuda y tibia, haciéndome arder en tus uñas, ahora sos apenas un hueco elástico que se completa con vacíos.
Soy la barcaza hundida en un mar nocturno y sedoso. El puerto se halla en la profundidad
El amor de A B y C
El mensajero
Fue de las primeras noches de esa primavera y al detenernos, vereda por medio, mi mano se zambullía debajo de su pollera y despreciaba todos los pasados. Ninguno de los dos decía nada, qué decir cuando es primavera y los cuerpos se gozan. El silencio explota en la garganta y las lenguas aprenden sabores nuevos.
No recuerdo si íbamos a su casa o vagábamos. Me acuerdo de sentir derribarnos uno al otro, a puro respiro, y me acuerdo de ese perro furioso que arremetió contra nosotros dejándonos paralizados con distintos miedos hasta que alguien lo llamó, como diez minutos después.
Recuerdo no habérselo dicho nunca. Ese manto negro era el perro adiestrado de Carla. No pude verla, pero reconocí el silbido.
El vengador.
Frente a mi sencilla casa se muestra ajena, orgullosa de sí misma, o indiferente, como una trabajadora del cielo que apura sus horas de faena para marchar, sin detenerse a ver cómo luce el cuerpo desnudo de Sabrina, a través de la ventana.
Ya sé, tal vez el miserable tren blanco que pasa todas las noches la asuste, o los empleados del banco venidos en trasnochadores, y que desarman la trama nocturna al salir de festejos oficinistas aumenten su pálida nausea. Pero eso no es justo. Las aguas de ningún río pertenecen a un lugar, eso se entiende, como se entiende que el viento no se acueste a dormir en la esquina de dos esquinas más allá. O que alguien elija estar en otro lugar y no en donde la esperan. Todo eso lo entiendo porque todo eso es cerca y en el cerca habita cierto fastidio, en cambio la luna está a miles de kilómetros y así y todo escapa.
Y aunque combine con la sonrisa de Carla o el pensamiento alucinado de Inés a ella no le importa saberlo y no repara en las cosas que me resultan bellas.
Por eso me siento en las escaleras que llevan a la terraza y mientras tomo vino (una copa, o dos, o tres) me preparo para mirarla fijo y hacerla sentir incómoda.
Polvo de luna
Susurro
Taller de Arte Poética. Hoy Maestre Andrés C. Cap. 1
soy carcelero de tu lado más grosero
soy el soldado de tu lado más malvado
y el arquitecto de tus lados incorrectos
soy propietario de tu lado más caliente
soy dirigente de tu parte más urgente
soy artesano de tu lado más humano
y el comandante de tu parte de adelante
soy inocente de tu lado más culpable
pero el culpable de tu lado más caliente
soy el custodio de tus ráfagas de odio
(y así toda la canción…)
En el caso presentado más arriba la poética funciona del siguiente modo:
Valor de “A”: nuestra identidad
Valor de “B”: una condición de la amada
(Encontrando un vínculo que los relacione) y podemos crear:
Soy la revista de tu cita en el dentista
Soy el pocero de tu árido potrero
Soy el verso de tu sueño más perverso
Soy el yelmo de tu lado más enfermo (y vamos variando la rima para que no se den cuenta de que no podemos seguir una consigna y agregamos un poquito de metáfora)
El juez de línea de tu área más marcada
Soy astronauta de tus naves solitarias
Soy la sombra de tu noche imaginaria
El cepillo de tu caries más profunda
El anteojo de tu presbicia futura
Yo soy el chino de tu súper más oscuro
El abadejo de tu Pascua ignorada
Ejemplo B:
te quiero me dejaste la ceniza y te llevaste el cenicero
te quiero pero te llevaste marzo y te rendiste en febrero
primero te quiero igual
te quiero , te llevaste la cabeza y me dejaste el sombrero
te quiero pero te olvidaste abril en el ropero
pero igual te quiero no me gusta esperar pero igual te espero
te quiero me dejaste el florero y te llevaste la flor
Aparece “B” como la manifestación residual y lastimosa por la ausencia de “A”(Esto nos permite improvisar):
Te quiero, pero te llevaste el auto y me dejaste al gomero
Te quiero, pero te llevaste el T.E.G y me dejaste el balero
Primero te quiero igual
(Aquí podemos abandonar la consigna y mezclar los tantos)
Otro caso:
Te quiero, pero te llevaste la esponja y me dejaste los pelos
Te quiero, pero te llevaste al niño y me dejaste el sonajero
Te quiero pero te llevaste Carrefour y me dejaste al panchero
Primero te quiero igual
* En próximas entrega el Maestre Andrés nos enseñará otras fórmulas y parte de su Tratado de Pensamiento Metafórico Realista
Mascotango del Tanghombre
Taller de Arte Poética Hoy: Maestre Ricardo A.
El Problema es que me gusta
El Problema no es el daño
El Problema son las huellas
El Problema no es lo que haces
El Problema es que lo olvido
El Problema no es que digas
El Problema es lo que callas.
En la canción EL PROBLEMA utiliza la siguiente forma lógica.
(Siendo “A” y “B” conceptos opuestos)
El problema no es “A” peor es “B” (AMANTE RELAJADO)
(Se provoca siendo “B” continente de “A”)
El Problema no es el corte, peor es la cicatriz.
El Problema no es la pizza, peor es la obesidad
El Problema no es que fume peor es el cáncer.
De qué manera “A” si no “B” (AMANTE DESPISTADO)
(Esto se logra cuando “B” es condición necesaria para “A”)
Y cómo ganarte al truco, si no te juego .
Y cómo seguir viviendo si no respiro.
Y cómo te reconozco, si no vas a ir
Si hay “A” yo no “B” (AMANTE IMPUNE)
(En este caso “B” intenta ser la negación de “A”)
Si hay distancia yo no me alejo
Si hay olvido yo no lo recuerdo
Si hay olor yo no fui
Y por qué “A” si no “Ab” (AMANTE ENOJADO)
(Aquí “B” es reemplazado por otra forma de “A” (Ab))
Y por qué te quiero, si no me quieres
Y por qué tienes gracia si no es gracioso
Y por qué pensás si no sabés (“Ab” tácito)
Si no “A” seguro no “B” (AMOR RACIONAL)
(“A” y “B” cumplen funciones de cuasi sinónimos)
Si no vuelves seguro no te fuiste
Si no te llamo seguro no me oyes
Si no me baño seguro no vienes
Para qué “A” si no “B” (AMOR ESPECULATIVO)
(“A” conforma un universo que no tiene sentido por no ocurrir “B”)
Para qué amas si no entregás
Para qué jugás si no te la bancás
Para qué venis si no estoy
* Nota: “A” y “B” son verbos o frases verbales
Colapso en Clásica&Moderna
Sé que sus hojas no me descifran, y esos adjetivos enfríarán tu boca.Tengo miedo. Acaso la llave esté detrás de una palabra, pero carezco de movimiento. Calla mi cuerpo entero y a la hora de la agitación estaré sin estar, como si fuera un deja-vú o la lluvia guardada dentro del río.
Esta pena me vigila como un rostro sin párpados y quisiera esconderme sobre tu cama y que me contaras cuentos y dijeras que es de mentira tu distancia. Que sabés todo y que nada hace falta.
Me aturde mi voz callada, mis paganas ausencias, el verbo de mis deseos, la rápida migración de los fantasmas. No tenerte me construye y me agrega sueños.
Descalza e indiferente leés un libro mientras yo me encierro en la copa de malbec para envenenar mi deseo, con su color retinto.
Descalza e indiferente leés un libro, y yo muero delante tuyo de puro enamoramiento.
Colapso en Clásica&Moderna
Sé que sus hojas no me descifran, y esos adjetivos enfríarán tu boca.Tengo miedo. Acaso la llave esté detrás de una palabra, pero carezco de movimiento. Calla mi cuerpo entero y a la hora de la agitación estaré sin estar, como si fuera un deja-vú o la lluvia guardada dentro del río.
Esta pena me vigila como un rostro sin párpados y quisiera esconderme sobre tu cama y que me contaras cuentos y dijeras que es de mentira tu distancia. Que sabés todo y que nada hace falta.
Descalza e indiferente leés un libro mientras yo me encierro en la copa de malbec para envenenar mi deseo, con su color retinto.
Descalza e indiferente leés un libro, y yo muero delante tuyo de puro enamoramiento.
Lejos
Hay unos oídos ahogados sobre el almohadón del silencio, y dos cafés que endurecieron esperando ser pedidos. Una vereda y una luz mineral que en un ataque de pánico se fugaron del barrio. Se ríen los perros de tu cuadra, y los comerciantes no saben si reponer Cinzano. Saben que no estaré allí.
Yo quería que bebieras de mi corazón para quitarte la acidez de tus cejas, pero no fue así. Ahora, en Juneau, imagino tu ropa blanca apagando el color de la nieve, tu aliento calmando del frío a los retoños de pino y los caminos húmedos para recibir tus huellas.
Sé que no viajaste, pero te imagino allá para entender tanta distancia.
Sleepless
El velador apaga su grito, y por la ventana entran señales de nada, un universo descolorido y algunas luces acuarela de otros edificios. Solos, mi respiración y la oscuridad, matan a las pocas voces que entran desde la calle.Me acompaña el nosilencio de palabras sin sonido; la angustia en mis labios que quiere no olvidar tu sabor (temiendo un vacío en mi boca) y las campanadas de la memoria llamando a amantes.
Y en mi cama transito islas de malentendidos con monjes sin párpados que recitan las letanías de tu ausencia.Ni el balbuceo, ni el silbido en los puertos inventan nuevas voces. La caravana de ciegos es interminable y los miles de años que pasaron, desde que un hombre sintió por primera vez este dolor, fueron en vano. El deshielo libera archipielágrimas y nada cambia y nada se entiende.
Un destino errante cruzó de vereda. Nada alerta en el tedio de los astros. No se puede contra un universo en ruinas, cuando intento saber por cuánto tiempo más mi nombre permanecerá en tu boca.
Sacrílego
Minutos
Afuera hace junio y aquí tus palabras lo explican.
Sin saberlo, nos aleja la deriva como a madréporas abrumadas. Mi ronca mirada carece de huesos y no podrá abrazarte. Tus manos no saben mirar dónde estoy y no pueden anclar en mí. Detengo la respiración. Es múltiple el dolor que un hombre y una mujer pueden hacer antes de fatigarse. Sobre tu corazón desnudo me balanceo. Sentir su dulce tibieza es como trepar por las escaleras hasta la terraza siendo niño (cuando cada escalón era tan alto como una promesa).
Otra hora será en el próximo minuto, u otra vida, u otra pena.
Disturbios del silencio
Los enigmas de su voz brillan en mis pasos y aún sabiendo que me rechaza, sé que la he conocido.
Las calles guardan el secreto. Nadie sabe que no soy el mismo, que me desintegran los arcanos del lamento.
Ellos siguen regocijándose con sus conocimientos domésticos para diferenciar el pollo a la provenzal del pollo a la capresse, yo no sé cuál es cual, pero sé a quién imaginar desnuda.
Ellos saben el resultado de Banfield o del Barcelona y han pasado la tarde hipnotizados por haber visto un golazo de Messi, pero yo mientras tanto la he conocido, sépanlo. Mejor no lo sepan, continúen con su vida en donde la muerte está anestesiada.
Mejor sigamos de esta manera: yo arrastro una visión que afloja estrellas y ustedes sigan creyendo que ella no existe porque no está en el haber de sus economías.
No crean que no los entiendo. Hasta hace un tiempo yo era quien creían que era. Pero la conocí y me ignoró.
Y ahora veo un universo que no me contiene, e imagino cuentos donde ella es todos los verbos y un rigor de pleonasmos que hacen ordinario mi decir.
Síncopa
Faltante
Mil veces nos miramos y nos dijimos: No puede desaparecer de la noche a la mañana. Sin embargo así debió ocurrir, porque de otra manera no se entiende. La última vez que lo vimos, nos pareció que estaba sobre la heladera. Todas las cosas que no tienen un lugar fijo se colocan sobre la heladera.
Lo cierto es que lo buscamos, destapamos ollas, vaciamos la cafetera, nos infectamos de su ausencia pero nada. A veces las cosas son del color del silencio. Desde luego que entendimos que nunca más lo íbamos a encontrar, que se había perdido para siempre. Nos fuimos a acostar y cada uno deseó para sí que a la mañana siguiente su presencia se olvidara de huir, pero ocurrió lo inverso, a vida con su ausencia nos pareció natural.
Fondo
Ella sabe en qué oración va a brotar la yema de una letra y demora el relato para que la deje nacer. No quiere que interfiera. Se le bajan los hombros al magenta de su voz cuando se le espesa la consciencia y busca más neblina para demoler en seco mis tardes.
Yo le daría el bolsillo de mi pantalón gris, que es el que desovilla caprichos, o la perfumaría malva abajo hasta llegar a su imagen más escondida, pero no sé hacerlo, y cuando lo intento -ella se entrega a ese ejercicio- comprendo que lo mejor sigue siendo mirarle las piernas porque son un mareo visual, una estrategia del infierno para que desborden historias y ella tenga material para seguir podando.
Un día dejaremos de darle cuerda al no, para mirar en la profundidad de un pocillo, la pira del deseo que nos advierte de la muerte.
De cómo los términos manejan a una sociedad
Los habitantes se protegían de este pecado utilizando máscaras de lana. Nadie conocía el rostro de sus padres hasta llegado el momento de la muerte, ya que a los muertos no se les exigía prudencia moral. Con los esposos ocurría lo mismo. El otro era su voz o su mirada, por esta causa no conocieron el arte de pintura, salvo la paisajista
Los integrantes de este pueblo tenían concedido por su Dios: un cark, (el tiempo de duración de un bostezo realizado por el Sumo Sacerdote, pero dado que éste también ocultaba su rostro los historiadores creen que podrían durar entre 30 y 50 segundos) de esta manera sólo los recién nacidos contaban con ese lapso de tiempo para mostrar sus caras desnudas. Inmediatamente al nacimiento les era colocada la prenda protectora.
Algunos investigadores como J. Lemark aseguran que la causa de su desaparición como sociedad fuera este dogma ya que contribuyó a que el índice de natalidad fuera sumamente bajo.
Su economía fue netamente social ayudada porque sus rebaños aceptaban la conducción pastoril de cualquier ser humano, ya que todos eran parecidos.
Sin embargo, este pueblo se destacó con gran eficiencia en la creación de un lenguaje altamente complejo.
Cada palabra constaba de un grupo de voces que especificaban la sensación a demostrar. El sustantivo abstracto felicidad (ser´j) se decía je cuando requería un gesto de alegría, mejan cuando se decía en forma esperanzada, jervetojarse al nombrarla con melancolía, rostubaksi con indiferencia y grabjatianmak para reflejar tristeza.
Curiosamente, los vocablos que demostraban alegría eran monosílabos.
Los perezosos, los vagos, los agonizantes, los fatigados, poseían discursos más alegres, por el contrario los conspiradores y los filósofos tenían parlamentos especialmente dilatados en el tiempo y de esta manera aburrían a sus discípulos.
A partir del 1000 A.C. desaparecieron como sociedad, pero algunos investigadores aseguran que sólo modificaron sus códigos morales prefiriendo el tabú sexual.
Perdido
Creo que alguien confundió los destinos, y cambió mis piernas y manos por las de un distinto.
Y este abandono tal vez sea la libertad miserable de un hombre que no fue preparado para esto.
Querido Diario
Ella es mala. Se robó mi egoísmo y sin él estoy perdido, por suerte deja que me alimente con el suyo.
Esto me confunde: si yo me nutro con su egoísmo ¿alguno es altruista?
Veré que al perder el ego, mi yo se regocija en la satisfacción de ella.
Creo que me está esclavizando, pero aún no puedo entregarme totalmente. El otro día vi a Marcos -su antigua pareja- algo en mí sintió melancolía (creo que mi yo subordinado) pero a la vez, tuve el sentimiento de envidia (posiblemente mi yo libertario) y aquí aparece el dilema ¿cuál yo es mi yo? ¿El que me ata a ella o el que me separa de ella?
Ya no me gustan los helados de Frutilla y Dulce de Leche, ahora prefiero Frutos del Bosque y Chocolate Amargo, tal como el gusto de ella. pero el deseo no está impuesto, realmente esos sabores son más complejos y me llevan a mundos exóticos. Entonces, por qué extrañar a un yo que me sometía a permanecer en los deseos de la infancia, que me solidificaba. Ella es mala pero me da movilidad. La permanencia en un solo lugar hace daño.
No expliques me dice, pero yo creo que soy mis explicaciones y que ella no quiere saberme. Estoy mal comprendé, me dice, pero solo comprendo el muro. Es tarde para escapar. Ella es mala y mi bien está a su merced.
Cuando estoy lejos de ella sé que sobrevivo y que la libertad es irrenunciable, aunque después, cuando salgo del jardín y la veo esperándome con todas las mamás, la alegría me estalla. Ella es mala pero el dolor que me provoca es infinítamente dulce.
A ninguno puede molestarle
Nos encontrábamos en noches frías, entre agosto y Piazzolla, y una luna medio forfai por el fumo que ascendía. A ninguno puede molestarle ese recuerdo.
Aún mantengo sueños que se hacen pasar por sueños y una desnudez que simula prudencia.
Hubo un día en que se desintegraron los lazos. No sé qué día, no sé qué lazos. Los nudos se desatan. Ocurre seguido. Si siguiéramos juntos seguro que iríamos al Bafici, o a San Telmo o Puerto Madero y que esperaríamos el 140 juntos para putear un largo rato mientras nos besamos a escatología pura. A nadie puede molestar ese recuerdo.
Si de besodolor fuera, otra hubieras sido. Ya no despena.
Ya no te quiero es cierto, pero tal vez te quiero.
Acaso capaces de ser otros y sin conservar síntomas de memoria me maravillarías siempre. Es atroz saber que no volveré a conocerte algún día, pero a ninguno puede molestarle.
El escriba
En el fondo -reconozco no tener más precisiones- hay un luz mínima. Cuando digo mínima pensemos en una cosa que es simple y que casi no puede verse, luego dividamos mentalmente al medio esa cosa, varias veces, 3 por ejemplo, y entonces sabremos a qué llamo: mínima.
Entonces, hay una luz mínima en el fondo, digo, sin tener mayores precisiones salvo que ese espacio se encuentra dentro nuestro.
Entonces, dentro nuestro, muy al fondo, hay una luz apenas perceptible.
¿Y por qué está esa luz? No lo sé, digo demorando la respuesta aunque en verdad lo sepa. Yo soy el constructor de este relato y obviamente lo sé, pero quiero generar suspenso.
Entonces, dentro nuestro, muy al fondo, hay una luz apenas perceptible que nos permite el misterio.
El misterio podría ser, por ejemplo, ¿para qué hay una luz ahí? A quién ilumina esa luz mínima suponiendo que ilumine algo
Entonces, dentro nuestro, muy al fondo, hay una luz apenas perceptible que nos permite el misterio ya que posiblemente esté iluminando algo que no sabemos.
Sin embargo, está totalmente en claro que la luz nos permite ver. Esto ocurre mediante un fenómeno físico que no estoy en condiciones de explicar especialmente porque todos nosotros, más o menos, lo tenemos en claro y tiene que ver con las leyes de la óptica.
Entonces, dentro nuestro, muy al fondo, hay una luz apenas perceptible que nos permite el misterio ya que posiblemente esté iluminando algo que no sabemos qué es, pero deba ser visto.
Si bien el hecho de que haya una luz en nuestro interior puede resultar intrigante y maravilloso, mucho más lo es que haya unos ojos en ese lugar que estén requiriendo luz para desarrollar alguna tarea.
Bueno, entonces porque no quiero irme por las ramas, dentro nuestro, muy al fondo, hay una luz apenas perceptible que nos permite el misterio ya que posiblemente esté iluminando algo que no sabemos qué es, pero deba ser visto ya que hay ojos.
Pero en el universo puede existir formas de vida ciega, pero no ojos sueltos. Sabiendo esto podemos asegurar sin temor a equivocarnos que esos ojos son parte de un cuerpo (acaso celular, pero un cuerpo que está ahí aprovechando la luz)
De manera que dentro nuestro, muy al fondo, hay una luz apenas perceptible que nos permite el misterio ya que posiblemente esté iluminando algo que no sabemos qué es, pero deba ser visto ya que hay ojos que permiten a un cuerpo aprovechar la luz.
La pregunta siguiente es ¿para qué hay alguien que lleva una vida parasitaria y que necesita luz?. La única respuesta posible es: para leer o para escribir.
Tratemos de no perdernos. Dentro nuestro, muy al fondo, hay una luz apenas perceptible que nos permite el misterio, ya que posiblemente esté iluminando algo que no sabemos qué es, pero deba ser visto ya que hay ojos que permiten a un cuerpo aprovechar la luz porque se trata de un escritor.
Resuelta una parte del misterio, entendamos la otra. ¿Qué hace ahí un escritor? Definitivamente escribe y lee
¿Qué puede escribir y leer con tanto afán durante toda su vida?
Con seguridad, un catálogo de miedos y proezas que llegan hasta él de una manera muy deformada por narraciones épicas y relatos temerosos.
Entonces, para ir concluyendo este trabajo: Dentro nuestro, muy al fondo, hay una luz apenas perceptible que nos permite el misterio ya que posiblemente esté iluminando algo que no sabemos qué es, pero deba ser visto ya que hay ojos que permiten a un cuerpo aprovechar la luz porque se trata de un escritor: nuestro propio Homero.
Onírica
Todas las mañanas a las seis en punto le madruga la simpatía y golpea suavemente el hombro para recordarse a sí misma. Al alma debe darle unos martillazos porque es más dormilona. Entonces ella abre los ojos. Recuerda tener manos, pulmones (la tos se lo recuerda) siente que la frente es arrastrada hacia abajo por el peso de la nariz y cuando nota que tiene dientes decide lavarlos y se levanta.
Recién en el baño se recuerda completa y percibe que tiene huesos. Se toca, se palpa y confirma la visión. Después camina hasta la puerta y se asegura haber despertado en el domicilio correcto. Escapar del mundo de los espejismos la alienta. Se siente valiente y temeraria.
Durante la vigilia se cree más afortunada que en el sueño. Sabe que de morir en esos instantes, se convertiría en una paria. Dice: Sin que nadie presencie la fatalidad no hay fatalidad, se lo dice ella misma y por eso escribe en la palma de la mano -antes de dormir- su dirección y número de teléfono. Dice que: Hace 15 años le inyectaron sueños ajenos, se lo dice con un poco de angustia y mucha tristeza. Por eso después de tomar un café amargo se saluda contenta de haber vuelto.
Un día en el trabajo creerá que su vigilia es el sueño de otra persona tan aburrida como ella (pero todavía no leyó a Borges y tal vez no lo lea nunca) de hacerlo sufrirá por no tener un domicilio legal mientras sueña.
Compleja
No es una mujer simple porque a veces ella cree que hablar es decir “basta” y olvidó cómo decir “sigamos” porque cuando lo dice, dice “basta“
Ella sabe decir “basta” en todos los idiomas, pero un día aprendió a decir “basta” en todas las palabras.
Esto, a veces, la lleva a considerar que la vida es una metonimia de la palabra “basta“.
Sin embargo, no es una mujer simple porque a veces ella cree que hablar es decir “sigamos” y olvidó cómo decir “basta” porque cuando lo dice, dice “sigamos“
Ella sabe decir “sigamos” en todos los idiomas, pero un día aprendió a decir “sigamos” en todas las palabras.
Esto, a veces, la lleva a considerar que la vida es una metonimia de la palabra “sigamos“.
A veces yo creo que la adivino, y a veces, yo creo que me miente y que no sabe otra cosa más que pronunciar silencios en todos los idiomas y en todas las palabras.
La desconocida
Es un embrollo porque ellas no saben organizarse y vienen con la ilusión de que yo las elija. Se muestran revelando conceptos que creen que son para mí.
¿Qué tengo que ver yo con las preguntas que le hace a la cajera de Coto? ¿O las discusiones que tiene con sus empleadores? ¿o con las puteadas a sus amantes?
En ocasiones, las palabras son tantas, que en lugar de esperarme se meten en mi casa. Ponen cara de huérfanas. Se me enredan en el pelo o se esconden en mis bolsillos con el deseo de emocionarme.
Algunas mantienen la humedad del llanto que les dio vida, otras parecen haber nacido en un suspiro. Ninguna fue dicha para mí, pero entonces ¿por qué me buscan? ¿por qué quieren hacerme creer que soy su dueño?
El tiempo me llevó a realizar algunos actos. A veces me quedo con un “buenas tardes” ya que descubrí que algunos saludos de ella tienen perfume, o me guardo un “¿vos, todo bien?” por lo melódico de su decir.
Algunas frases son pomposas y torpes, otras por el contrario, son extremadamente dulces y capaces de un hechizo. También dice boludeces pero igual las guardo.
Aunque algunas frases quisiera que fueran para mí, no puedo darles ese crédito. Desde luego que les doy amparo en unas cajas que compro a propósito para ese fin y cuando estoy triste me acerco a ellas para escucharlas, pero al carecer de rostro tienen el valor del silencio.
Despeditángonos
Asedió mi laberinto hasta invadirlo. Mantendré la mentira de construir uno más hermético, en donde no pueda trepar por los muros ni jugar al equilibrio en las cornisas.
Siempre ronda Teseo entre las tumbas de la noche intentando marcar los túneles, y llegará como llegan los amantes y los pájaros, sin necesidad de hilo. El símbolo de la muerte encuentra todas las puertas.
El santuario emerge en los pasillos como la miel flota en lo agrio. Muerdo aire para lastimar este silencio y que tus ojos rescaten mi frío. Este partir huele a charcos de arena y presbicia, a ilusión atrapada en las venas que le dieron esperanza.
Me quedo entre las estrellas violáceas y el aroma a frutos rojos de tu firmamento, que sabe a malbec. No sabía que estos pasillos eran bellos hasta que descubrí tu huella nacida en la noche, como un racimo de uvas jugosas en mi boca.
No nos conocemos y eso te agrega fragancias, como si fueras un bosque cercano o una nube que se derrama para mí.
Seremos una despedida perfumada que ha nacido entre palabras ausentes. Seguiré esperándote, aún cansado de resucitar.
Te supe el talismán que me protegiera de Teseo y fuiste cierta.
Calorete
Los dos primeros días todo era joda, pero ahora que ya pasaron dos meses nadie puede dormir. Nos la pasamos tirando agua los unos a los otros, pero este alivio ya está provocando quemaduras graves.
Hay cosas que mejoraron, los pollos ya salen horneados de las granjas aunque el sabor que les queda a plumas, no es agradable. Y los cortes vacunos llegan desgrasados a las carnicerías.
La municipalidad decidió comprar gran cantidad de la producción de papas, cebollas, morrones y tomates perita, para volcarlas en las fuentes públicas y que los más pobres tengan a mano una sopa. Estos políticos siempre a contramano.
Al principio el valor de las heladeras aumentó de manera bochornosa, en forma inversa al precio de los relojes pulsera. Pedían tanto por una Saccol o por una Siam como por un departamento de tres ambientes, pero el negocio se les acabó rápido, es que al abrir la puerta y dudar un segundo, se descongela.
Los primeros grupos de fanáticos entusiasmados rompieron a pedradas el reloj de la Iglesia, pero ya empezaron a sentir melancolía y cuando aparece alguien que todavía lo usa por costumbre o tradición, la gente se arremolina alrededor para preguntarle “¿qué hora sería?”
Las remeras empapadas y la ausencia de corpiños resultaron un dato revelador de que la idea había sido buena y funcionaba bien, en especial cuando las mujeres dejaron de usar pantalones y los reemplazaron por minifaldas o polleras tableadas, pero la falta de brisas callejeras nos decepcionó. Ahora las más radicalizadas van a trabajar en topless aprovechando que los ojos están bastante cansados y cegados por el exceso de luz.
Los científicos aseguran que este fenómeno llevará a la desaparición de los vecinos porque la mayoría se niega a compartir la cama con otra persona. El goce en el sexo se realiza de manera individual.
Las investigaciones intentan descubrir la manera de provocar un corral de nubes en el cielo, ya que no pueden mantenerse estables más que por unos pocos minutos. La lluvia se evapora en cuanto roza nuestro cuerpo, esto hace que vayamos por la calle cargando escaleras que nos permitan ir al encuentro de las gotas lo antes posible, porque el fenómeno de la salpicación no existe más.
Una campaña apoyada por los medios logró gran cantidad de adeptos, se denomina: Todos por un cuarto de giro, en donde toda la comunidad se reúne para pedir que el cenit se corra hasta el horizonte.
Las comunicaciones con el resto del mundo sufren una interferencia continua y no sabemos qué sucede, por lo pronto ya empezamos a hacer agujeros que nos conecten con algún extremo para ver si ingresa un poco de aire fresco.
Cambios
Para la mayoría de la gente este evento no tiene trascendencia y no lo notan, pero veo a los colectiveros furiosos, en cambio los taxistas hacen su verano en agosto.
Si los vecinos fueran más solidarios y preocupados por los problemas municipales tratarían de convencerte de que tu lugar está junto a mí y de que no te vayas de mi lado.
Te dirían que no es fácil fingir tu ausencia y que aunque parezca que la vida continúa con total normalidad, eso no es cierto.
Pero hay más, y aunque los diarios y las radios lo oculten, se lo vio a Odiseo, atado al mástil, sufrir por el Pampero en el Río de la Plata frente a la Ciudad Universitaria, y una vez, las tropas aliadas desembarcaron en Puerto Madero y se llevaron de rehén a uno que se había escapado del Borda. Las manchas de silencio invaden a las plácidas conversaciones en Dr. Masón y las charlas son amparadas entre las tumbas del cementerio.
Es tan grave todo esto que el consciente colectivo rechaza y niega el episodio.
Claro que después de un tiempo, la ciudad se rinde para permitirte deambular por sus calles como si nada hubiera pasado, desconociendo que mi medicina sabe a silencio y que este cuarto que antes era blanco ahora tiene el color de mis espejismos.
Egónecro
Abandonado afuera de mí cruzo los ácidos del tiempo y recuerdo haberme perdido. Hoy te abracé adentro tuyo con mis alas. Tu amor me hace permitido, me hace a salvo. Un día tendrás una mirada que romperá los candados. La fe exige eternidad y nada más vulnerable que un hombre soñando un refugio.
No sabré regresar. He sido usurpado, contrabandeado en cientos de alijos. Yo mismo he saqueado pedazos de mi y los regalé como presentes que me hicieran presente más allá.
Soy ese calidoscopio del que huyen los reflejos para ir a conocer los movimientos de la oscuridad. Leve y poética entropía de perdernos debajo de nuestro cuerpo y salir hechos piel, clamando por rincones donde anidar.
Un día se agrietarán las esquinas que me defienden hasta exponer mi permanente fatiga.
Todo será inútil. Me oculté en vos para que el universo no vea mi corazón y así no pueda morderlo, pero es posible que me delates
Decir
Hay palabras que se mantienen ocultas en un frasco de silencio parecido al de las viejas farmacias, con una etiqueta borrosa.
Ayer te vi así, como una palabra no dicha.
Ibas y venías por el pasillo en el que cuelgan los geranios. Lo recuerdo porque cortaste uno. ¿Qué secreto puede cuidar un geranio?.
Sentís que es fácil, que es posible aplastar las palabras para que no salgan. Ellas igual se escapan por las manos, por los ojos, o por las cejas.
Nada sabe una palabra acerca de guardar secretos. Sólo permanecen como pájaros en su nido sin saber que tienen destino de bala.
Vos no sabrás, dicen tus ojeras y no dicen más que eso, y será una maldición aún cuando ya no te importe ni cuidar ni herir o lo hayas olvidado.
Las otras palabras, las que sí podrás decir, juegan a la ronda delante del secreto desafiándole la siesta, provocándolo a salir, entonces te vas al patio y cortás un geranio para llenarte de tristeza y aguantar.
Miscelaneas 6
1) Mucha gente dice: “el que avisa no es traidor” Es cierto, el que avisa transita desde buen amigo hasta delator. 2) Cuando esté harto de su vida y crea que su personalidad es pobre o mediocre o falta de defectos notables. Realice esta prueba: conozca a alguien que esté viviendo un desamor. Inmediatamente será comparado y prejuzgado. Quien tiene roto el corazón no tiene tiempo de valorar al resto. 3) He notado que la mayoría de los comentaristas de blogs intentan mostrar sensibilidad, humildad y penas. 4) “Yo escribo en el blog cosas para mí. No me importa que otros lo lean, lo que escribo en el blog, es sólo para mí” 5) Toda persona (A) que aparece en la vida de otra persona (B) luego de que ésta sufre un gran desamor, será nadie. No será importante. Quien lo precedió es una sombra que está las 24 horas en la vida de esta segunda persona (B). 6) Dejemos de lado la nostalgia ¿y si solamente se trata de que no podemos soportar la realidad y por eso hablamos de esperanza y de prosperidad? 7) Tiemblo, cierro los ojos y me resigno a lo peor cuando una mujer me dice: “Yo soy una buena mina” Sé que al tiempo me dirá, “no quiero hacerte daño, es mejor que esto termine acá” 8) Supongo que habrá excepciones -creo conocer algunas- pero la mayoría de la gente (me incluyo) que se mueve por internet parece sentirse sola o al menos no saber qué hacer en su tiempo y en su espacio, por eso se agregan el espacio virtual, en donde la invisibilidad es tan importante que parecemos ser ángeles o demonios de acuerdo a la palabra utilizada y no por nuestras acciones. 9) Ejemplo de lo anterior son: “hmm” y “mmm”. “Sí” “sip” y “seee”. “Jajaj” “je” y “jiji” que usamos en el msn. 10) Según la leyenda de Pez y el Emperador Amarillo, los seres reflejados en los espejos quisieron invadir nuestro mundo pero el Emperador los privó de su fuerza y de su forma, condenándolos a repetir la nuestra. Se dice que un día despertarán de esa sentencia y el primero será su teniente: Pez. Nos vencerán y seremos sometidos al mismo infortunio.
Ojo, algunos avisan buscando impunidad a su traición.
Ojo, no está bueno, pero uno empieza a creer que es más que lo que los otros suponen.
Ojo, más sensible se muestran cuanto más sensible parece ser la blogger
Ojo, usando el viejo método del cuaderno ahorraría dinero y no debería explicar nada
Ojo, el fútbol está lleno de cracks que no dejarán de ser suplentes hasta que se van del club.
Digo esto porque ahora que lo pienso ¿no era más lindo ser estudiante que empleado? ¿no es más placentero enamorarnos que despedirnos? ¿no da más sentido a la vida ser inocente que cínico? ¿no es mejor ser bebé que difunto? Parece que a medida que el tiempo pasa la continuación desmejora lo iniciado.
Ojo hay que acordarse del matrimonio y la separación, también
Ojo, no hay que intentar convencerla de que uno se cuida solo, en realidad, quiere irse y ya nos previno hace mucho.
Ojo, será que tener que desmentir una palabra y no un acto, nos da seguridad.
Ojo, ampliar el vocabulario era para ser más precisos
Ojo, a veces cuando prendo la pc me parece que ese momento llegó y ya me encerraron.
Casi Real
Su soberbia salió disparada como una bala que rompió mis huesos y no hubo remera que frenara el golpe. De sus murmullos magenta zarpan navajas de palabras para esconderse en cada grieta del laberinto. Los he visto caminar en las rocas secas y en las piedras húmedas, esperando gargantas, como lagartijas audaces.
Su mirada golpea por las noches los vidrios de mi luna hasta atraparme.
No conocerás mis signos, me dice. No sabrás qué esperar de mí, me dice. Y sonríe y baja la cabeza permitiendo que yo no diga nada, y me lía a sus palabras y se esposa a mis silencios.
Ni una gota de agua se balancea en esa tensión. Nos comemos el uno al otro. Saboreamos el dulzor de las amarguras, a oscuras sin saber en dónde estamos. Nos damos sed.
Su piel es la capa del mago. Todo lo transforma.
Azar
No es ese el tóxico que me inmoviliza. Puedo resistirlo.
La tristeza no vive en el recuerdo de tu lengua, ni en tu sangre transparente y dulce atravesando mi piel. Puedo vivir sin vos. Ya no importa.
Ni siquiera fue una palabra, mucho menos un gesto, apenas fue una demora en tu respuesta lo que me hizo entender de inmediato que estábamos en el no more.
No sé como funcionan las cosas. A veces un capricho firma una sentencia imposible de impugnar. Nadie puede ni debe apelar. El No More nace de la inocencia de un descuido.
“No estabas donde te necesité.
No fuiste conmigo a…
Te parece ridículo mi saco azul…
Ya… no more”
Esos veredictos nos destierran del otro. Los pasos, las miradas, el sudor, ya no serán actores de un dúo. Lo que era un acorde, serán notas sueltas sin brillo.
Esos veredictos arbitrarios nos exigen ser extranjeros por el resto de la eternidad.
Pero eso no es la tristeza. La tristeza es saber, que a pesar de todo, pudimos haber compartido un tiempo más en esta única vida que no regresará.
C.C.
El tumulto de verbos que poblaba su cuerpo la abandonó tristemente. Buscó en la vereda no quedarse tan sola y llenó su copa soñando ser dos.
Es un rito animal, mirarla con ganas. Sus siete puñales se llevan tu alma.
De ajenos rincones y de azules macanas, inventa las noches y vacía madrugadas.
Nadie sabe en qué rocío humedece su espalda, pero escapa en penumbras a recorrer los astros de ese evangelio antiguo que profana su cielo. Se trepa al suburbio más alto de un sueño para despegar las ilusiones empapadas de miedo… y abrazar sus tesoros y al goce olvidado, ovillando sus tiempos más blancos que el sexo.
C.M.
No me digas tu nombre si es verdad que te pierdo, -tu ausencia en la noche es un eclipse abierto- En mi cosmos fantasma suena el eco del verbo que recitan los parias en las calles sin luz
Un sudario de estrellas se le cuelgan del pelo y los duendes azules le pintan rubor.
La llevan al nido de ponientes tristezas, las negras linternas que alumbran olvidos, y un cortejo de vientos, con herejes silencios, le quitan las ropas para amarla en adiós.
Invisible
No es ese el tóxico que me inmoviliza. Puedo resistirlo.
La tristeza no vive en el recuerdo de tu lengua, ni en tu sangre transparente y dulce atravesando mi piel. Puedo vivir sin vos. Ya no importa.
Ni siquiera fue una palabra, mucho menos un gesto, apenas fue una demora en tu respuesta lo que me hizo entender de inmediato que estábamos en el no more.
No sé como funcionan las cosas. A veces un capricho firma una sentencia imposible de impugnar. Nadie puede ni debe apelar. El No More nace de la inocencia de un descuido.
“No estabas donde te necesité.
No fuiste conmigo a…
Te parece ridículo mi saco azul…
Ya… no more”
Esos veredictos nos destierran del otro. Los pasos, las miradas, el sudor, ya no serán actores de un dúo. Lo que era un acorde, serán notas sueltas sin brillo.
Esos veredictos arbitrarios nos exigen ser extranjeros por el resto de la eternidad.
Pero eso no es la tristeza. La tristeza es saber, que a pesar de todo, pudimos haber compartido un tiempo más en esta única vida que no regresará.
L.N.
Ella se desliza en el silencio, y traza signos invisibles para engañar a la luz. Siente melancolía de haber sido el recuerdo y el olvido.
Miente el rumbo sur de sus secretos, replegando los deseos al llegar la oscuridad. Cubre con el velo del enigma la marea que la abriga.
Es magia de arreboles sin ocaso, transformando calle abajo la tarde en soledad
Asi
El día será largo, pero aún así, no encontraremos la manera de amar.
Nada cambiará en el futuro. En unas horas buscarás un olvido adonde regresar mi voz y yo dejaré de pronunciar tu palabra. La noche decidió no actuar.
El faro mantiene su ronda ciega, sin escuchar el grito de las olas contra los peñascos ni diferenciar las naves, de las gaviotas.
¿Sabés? Aunque no nos convenga creerlo, todo lo que vivimos, fue tan estúpido como un semáforo.
La Ruptura
Todos me decían que eso era una locura, que el tiempo valía oro y que no debía malgastarse, ni ser tomado a la ligera, pero yo quería esperarte, para sentir tu amor o tu rechazo -ojala fuera para sentir tu amor-
Me repitieron que si no hubiera tiempo, la muerte no sería dramática, los acontecimientos, una serie de prolijidades impulsivas y los chicos -por ejemplo- no podrían trepar a los árboles de la casona de los Salcedo porque cualquier traslado o transformación exige tiempo.
Podría ser verdad, pensé, pero yo no quería construir bolsones de ansiedad y continúe en mi descabellada idea.
Te repito: yo supe esperarte.
Fui olvidando elementos hasta que un día, el número 10 me resultó idéntico a 8 o al 3, no sé. Perder esa diferencia me ayudó mucho porque ya no podría numerar ni siquiera las vueltas dadas a la plaza, o la cantidad de cigarrillos fumados, o la diferencia estructural entre una ameba y cuadrúpedo. En esa misma deconstrucción de orden en lo temporal, sucedió que si el uno era como el mil, vos eras como todas, o todas eran vos. Entonces esperarte se me hizo muy fácil, te veía continuamente y la demora solo alimentaba el deseo de que me reconocieras.
“Ojo, no se juega con el tiempo porque Dios no lo permite“. Ellos, muchas veces, vinieron a decirme: Ojo, no se juega con el tiempo, porque Dios no lo permite
Meter a Dios, entre vos y yo me pareció la máscara de una amenaza. Creo que nadie puede enojarse porque te espere y mucho menos si busco disminuir la angustia de que no llegues. No hay derecho, me dije, y seguí con la conducta de no reconocer al tiempo, ni a los números que lo simbolizan, ni los presuntos mandatos divinos.
Pero ahora están todos ellos en mi puerta. Llegaron cuando el sol comenzó a ponerse gris y el cielo, inmóvil.
Falso
Unos segundos después del cuidadoso primer paso me llamó el eclipse en órbita a la puerta de la morocha del barrio, y me regaló una pasión sin cuerpo.
Entendí que los destellos y los conos de sombra tapaban mi voz, y me fui llevándome conmigo, tomados de la tristeza a caminar por el Pont Neuf.
Ya sé que Villa Urquiza no tiene esos puentes, pero es inevitable que los cruce para pedir deseos imposibles y ver mi imagen sobre el agua ahogándose en la superficie.
El maleficio de los eclipses me obliga a soñar con premura antes de que la oscuridad se robe mi bolso. La miel negra de quiensabequien me deja su sombra prosódica ilustrada con acentos antiguos. ¿Quién puede cambiar un acento, con manos monocordes?
Extraño la Cruz del Sur y su concurrida lejanía, los atados de Camel, el buen decir sitiado por las botellas de vino y la procaz sutileza de la mirada, y el derrumbe propuesto por los brazos de Celeste cuando llegaba hasta mí.
Estas situaciones creí vivir y nunca sucedieron, solamente porque no conocés mi nombre, aunque puedas ver las marcas.
Tal vez el destino -ese infierno idiota- no sepa de nosotros y sus relojes se paralicen de miedo al ver el eclipse…
Los Delincuentes
Los delincuentes saben esconder su pasado.
Me diferencio de ellos en que no uso buzo con capucha, en que no temen ser perseguidos a 100 km por hora, ni atiendo cuentas especiales de clientes de banco. También soy distinto porque no puedo esconder mi futuro.
Quienes me ven adivinan el fracaso. Saben de las tormentas, de ese jamás llegar a Itaca y del rancio destino que oxida mis pasos cuando voy a la frutería (caminando como si no supiera que ya todo es fatal) mientras heroicamente pido 1 kg de zapallitos y otro de tomates.
No corresponde ahorcarme con la luz desvanecida de una tarde, ni envidiar desde la ventana a los autos que tienen por delante un espacio al que llegar.
No quiero búsquedas, y sin embargo mis traidores pasos le dan cuerda al coraje de mi corazón, como una anfetamina mecanicardíaca. En esto no me diferencio de los delincuentes: amaneceré muerto de una mirada, agonizante por un capricho o simplemente por un mal entendido. Con papel de diarios cubrirán mi espanto y un charco de dolor irá a perderse al borde la vereda y de ahí al océano. Los delincuentes son más severos y mueren ahí donde caen, en eso me diferencio.
Letras
Ya ves… no pronuncio tu nombre sino la consecuencia, con conceptos que no sirven para el bautizo. Tus silencios me desdicen, me observan y me desdicen con la terquedad de un alambrado. Me cambian la metáfora y resumen mis letras. Ni la A, ni la B, ni la C, son las mismas que fueron antes, ahora exigen un diccionario distinto que resignifique el sonido como una mirada que se repita en una sola vez.
Y entonces todas las letras son A y todas son B y todas son C, en el mismo instante, y todo verbo contiene tu nombre y todo adjetivo tu sonrisa triste.
¿Cómo pronunciar ese caos al que le falta cuerpo? ¿Cómo brindar con un vino sólido? si la ausencia no deja de tejer esa lengua ferdidurkiana que se instaló en mi nuca.
Igual, en estas tardes de lluvia, aprovecho mi muerte y mis últimas cuatro palabras. Con ellas recito cada distrito de tu universo, de tu piel, de tu sal, de tu dulzor.
La Pollera Blanca
Tan volátil y suspendido en una vida como su pollera blanca, ese recuerdo de dos alas gimiendo impacientes en la memoria del mundo. ¿Por qué esa pollera, y especialmente ese pómulo, se derraman en mí como yo me he derramado en ella? de la misma manera líquida y blanca, aunque el dolor se resbale como esa pollera entre el viento que la lame y mis manos que la perdonan.
Todo ha sido dicho en la pollera blanca de ese día: No me mientas, no me alcances, no alces tu piel hasta mí, porque tiemblo en la cuchara de ese café o en las murgas de trashumantes que quitan la paz del paseo. No me niegues, ni me señales, las polleras adoramos al silencio y a las ventanas que dan a la ochava, como Amor, que se abandona en lo inexplicable, en lo que está fuera del símbolo y la palabra, como puede ser un dedo, una lengua o una lágrima.
Nunca vi una lágrima, solo la pollera donde desaguan todas las lágrimas del mundo para que las absorba la luna y las preñe con las tristezas más blancas.Esa pollera es el enigma y la boca de una presencia que muerde otro nombre. No hay más pollera que su pollera, no hay más animal que su pollera, no hay más aliento que su pollera, no hay más repetición que su pollera. Un eco de melancolía enhebrado en el deseo, como un disparo nocturno y lejano.
Dejemos a un lado los motivos, esa pollera me envuelve, redondea mis aristas hasta quitar asperezas y dejarme como una gota de la mañana, o acaso un rocío lunar sobre el trébol.
Sus ojos me contemplan desde la trama de la tela, invisibles, sensuales. La pollera blanca la esconde y la denuncia, la carga con su ondular y sus imprecisiones. Va, viene, vuelve a irse, como un mar que amenaza con su desaparición. Esas mareas arbitrarias abandonan en la playa sus cejas, mis arrugas, el nombre de la empresa en donde trabaja, la remera amarilla, los pies descalzos, el abrazo en el Parque, el beso que mató a la tarde, la médula mordida en la cama.
Ay, mi corazón ignorante de polleras, sólo sabe de atracción o rechazo. De pollera vestida o caída a los pies, beligerante o rendida, y no percibe que la pollera blanca también sea ella, vestida o desnuda sin dejar de ser la pollera blanca. Nunca fue otra cosa: hilos de luna, nieve tramada, hebras de espuma, leche animal.
La miro en mi memoria como un objeto desvanecido, necesitado de una percha que la sostenga, pero no me engaña. Me aproximo a ella, rozo las yemas de mis dedos contra el género que permite a mi timidez tocarla. No me alcances, me dice. No llegues hasta mí, me dice, y mide sus palabras, porque soy las velas de un barco y marcharé sin horario y zarparé del puerto de tu mirada. Me dice. Como dicen todos los vestidos blancos con esa voz inocente por decir: te advertí. Y entonces la miro por última vez en mi memoria, pero será la primera de las últimas, la última primera, una imagen agitada de las pausadas olas del amor. Me escondo para que no pueda despedirse. Alegre por encontrar la travesura, me escondo. Me escondo detrás de mis párpados al cerrar los ojos, como cuando era feliz y esperaba que alguien me salpicara para abrirlos y reír, pero ahora aprieto con fuerza los párpados como a esta lapicera con la que garabateo las anotaciones, y tiemblo porque temo que al dejar esta escritura desaparezca la pollera blanca o desaparezca ella.
Experiencia Religiosa
Todavía no se cumplieron 3 horas del acontecimiento. No pude volver a dormir.
Me siento un poco culpable, aunque creo que fue un accidente.
Anoche -cosa rara en mí- me acosté temprano y dormí medianamente bien, a pesar de que siempre me cuesta muchísimo y tengo que tomar pastillas para asegurar varias horas de sueño, sin embargo anoche fue distinto. Tal vez el fresco de la sudestada me lo haya permitido.
Lo cierto, es que unos minutos antes de las 2.50 -cuando estuve consciente miré el reloj y marcaba esa hora- sentí con toda claridad que alguien me agarraba del tobillo de la pierna derecha. Una mano me aprisionó fuertemente y jalaba para sacarme de la cama. Yo no tengo mascotas, duermo solo, mi hijo está en otra habitación, supongo que para el finado Víctor Sueiro y para la siempre presente ex esposa mía, se debió de tratar de un ángel o de una experiencia religiosa de ese estilo.
Para mí, todavía no lo tengo muy claro, fue una mano agarrándome del tobillo de la pierna derecha.
Para mi hijo, claramente fue una pesadilla.
Para los vecinos, aunque ninguno dijo nada pero yo noté que en algunos departamento se prendió la luz, se trató de un intento de secuestro, porque mis gritos de: “Soltá la pierna, ¡la puta que te parió!” y “Soltame ¡hijo de puta!” los despertaron, al igual que mis patadas a la pared que me generaron el dolor que ahora siento en el dedo gordo.
La cosa es que me desperté con taquicardia, confundido, y con la idea de que si un ángel quiso hacer contacto milagroso conmigo, malgasté la oportunidad cagándolo a patadas. Este coso no vuelve más.
Satellite of Love
No es un sueño. Puedo volar.
El aire que roza mi cara ya no tiene nombre de viento. Se abre para mí y lo atravieso. El tiempo me mide sin que yo lo lea.
Atrás quedó la espera. Ahora acudo.
Ya me liberé de esas dos o tres palabras tuyas que necesitaba para no despegar.
Estoy libre de soñar sin necesidad de esperanza. y ver cómo brilla el sol en el horizonte que dejo.
No estés triste, entenderás mi alegría. El recorrido fue duro pero volar es placentero. No hallo daño mientras vuelo. Si supieras cómo se alivia mi pecho, no perderías alegría.
Soy por fin lo que imaginé, perdí el peso y el horror.
Celta
Para otros es la posibilidad de construir o sobrevivir en invierno, sin saber que rige mi vida.
Dueño de la pronunciación de mi nombre. En sus ramas están escondidas mis dos fechas; una, seca y cuajada en algún nido, la otra aún en el dibujo de sus anillos. En esas ramas nacen las astillas que recorren mi sangre, y el rumor de hojas chocando entre sí que nutre a mi pensamiento.
Soy esa imagen que contiene y que sólo es posible para el artesano. Por ese árbol, sólo por ese árbol se solidifica mi espera, y mi vuelo tiene la forma de sus raíces.
En algún lugar, la tormenta o el metal que lo acechan, desconocen su milagro y su importancia.
Condenado a expandirse o a morir me alimenta u constancia.
Para otros es la posibilidad bajar un fruto dulce o ácido, sin saber que son mis alegrías.
Vida
Casi siempre fui flaco, en algún momento tuve panza, pero era de Rumba y Seven Up (me costó mucho romper ese lazo) por lo que ser flaco fue una elección. Tambien cambié la ginebra por el malbec. Elegí creer a ser desconfiado porque sospecho que es más bello. Elegí entender a ser intolerante porque es más ético.
Mis lecturas están organizadas hacia regiones, que sin conocerla, creo le hubieran gustado. También Nietzsche, Borges. Me enamoré de La Maga, Lucía Febrero y la Eterna. Me enmarañe leyendo todo Macedonio solamente para saber decir: Yo todo lo voy diciendo para matar la muerte en Ella.
Estudié periodismo, antropología, y cine para tener qué olvidar, así cuando la escuchara a ella todo me sería novedoso.
Sufrí durante la dictadura el silencio, para fortalecer mi callar si ella necesitaba decir.
Cada amor fue una preparación, un ensayo, cada caricia alimentó en mis manos el deseo de su cuerpo. y la forma de ingresarla.
Juegué bien a la pelota y me hice hincha de San Lorenzo para amar la adversidad.
Renuncié a la esquina, pero acepté el delirio de la discusión sartreana en Plaza Francia.
Estudié en el Industrial, para saber como cambiar las bombitas de luz y un interruptor.
Terminé una novela, libros de cuentos, un oratorio, guiones, para escribir la oración que la sedujera.
Fui amante, esposo, padre. Ese universo no me esperaba y sin embargo crucé sus umbrales. Construí mi imaginario personal, resistiendo el horror de las disciplinas burguesas, renegue de mis injurias y mi abandono.
Pero no alcanzó.
Balada del Ahorcado (a J.G.)
Para otros es la posibilidad de construir o sobrevivir en invierno, sin saber que rige mi vida.
Dueño de la pronunciación de mi nombre. En sus ramas están escondidas mis dos fechas; una, seca y cuajada en algún nido, la otra aún en el dibujo de sus anillos. En esas ramas nacen las astillas que recorren mi sangre, y el rumor de hojas chocando entre sí que nutre a mi pensamiento.
Soy esa imagen que contiene y que sólo es posible para el artesano. Por ese árbol, sólo por ese árbol se solidifica mi espera, y mi vuelo tiene la forma de sus raíces.
En algún lugar, la tormenta o el metal que lo acechan, desconocen su milagro y su importancia.
Condenado a expandirse o a morir me alimenta u constancia.
Para otros es la posibilidad bajar un fruto dulce o ácido, sin saber que son mis alegrías.
Gallito Ciego
Recuerdo el juego del Gallito Ciego. No sé de dónde proviene su nombre, tal vez no lo sepa nadie, pero creo es el juego que se repite a través de las épocas personales. Algo parecido ocurre con el juego de Las Escondidas, pero éste es mucho más sencillo y evita complicaciones: yo me escondo, vos me encontrás y luego invertimos el rol. Hay permanencia en un espacio fijo y alternancia regulada.
El grado de complejidad en el Gallito Ciego en cambio, hace que deba adivinarse un lugar en el espacio y los posibles movimientos siguientes. Es decir en la Escondida hay un mínimo desplazamiento y lo ejecuta un solo actor, en el Gallito Ciego, la dinámica es múltiple.
Es menester para el desarrollo de este juego que el que no ocupe el rol de Gallito Ciego, sea arriesgado, de señales. No resulta placentero jugar con conservadores, ni que el rol del Gallo pernanezca en el tiempo, puesto que el ser humano no está preparado para vivir en constante corazonada sin resultados placenteros.
Es inevitable para mí asociar este juego a Carmencita. Carmencita tenía trenzas. Y amaba ese juego, sin embargo fiscalizaba la actitud del otro, y era común que en pleno desarrollo lo impugnara diciendo que había dejado de ser juego.
Ahora me doy cuenta que Carmencita, cometía el error más grave del juego, rompía ese mundo lúdico para analizar la actitud del otro. Ella dejaba de jugar, aunque creyera que era el otro.
Saberte
Un breve murmullo se actualiza por la vecindad alucinada de otros relatos.
Todo esfuerzo para capturar lo perdido borra las huellas que intentó preservar el recuerdo.
Ahora mismo la evocación del episodio me aleja de la trama amarillenta y veraz…
En la augusta disciplina de la memoria, el universo dicta sentencia: Estás Proscripta.
El tiempo multiplica la ignorancia del hecho, y la narración le permite fugar.
Nada hace que estés aquí, ahora; y sin embargo estás.
Es imposible que recuerde una lluvia de agosto de hace, supongamos, 27 años. Es imposible que mantenga en el recuerdo una ola que me derribó en Mar del Plata el año en que fui de vacaciones con mi padre, o el nombre tantas veces repetido de un río del África. El mundo está lleno de imposibles cotidianos, sencillos y sin embargo, recuerdo la mano tuya recorriendo mi espalda. Olvidé mi espalda y las heridas que me provocaste, las palabras pronunciadas, tu boca, mi voz de niño. Olvidé al mundo, pero saberte me persigue…
4 Misceláneas del laberinto -5-
1- La fantasía dice que alguien puede vender su alma al diablo. Si uno lo reconocer en público, los creyentes ponen el grito en el cielo, diciendo: “¿Cómo vender el alma?” Acaso -digo yo- ¿la santidad no es un comercio?
Ojo, no quise decir la Fe en lugar de la santidad, para que no me tomen por un escéptico
2- En el punto anterior dije que existe esa fantasía, pues la venta del alma al diablo no es un trato viable, en cuanto uno siente que su alma es un bien intercambiable por bienes terrenales, automáticamente se desvaloriza y el diablo sabe que sólo debe esperar y la obtendrá gratis.
Ojo, como botellero el diablo se las sabe todas.
3- Es notorio cómo la creencia más primitiva y mágica, se disfraza de racional. Es curioso que a las doce de la noche del 31 de diciembre mucha gente sienta alivio por dejar atrás un año complicado, de alguna manera asociando la desdicha al sistema métrico que traduce la traslación de la Tierra en años, como si la complejidad de vínculos, relaciones y salud supiera de calendarios.
Ojo, los antiguos vivían con una desilusión menos.
4- Cuando yo era chico e iba a la escuela, la maestra no dudaba en llamar a mi mamá para decirle que yo tenía mucha capacidad pero que era muy vago y que tenía que tenerme más cortito, mi vieja desde luego, me suprimía algunas salidas.
Ya de grande, con hijos en la escuela, la maestra me citaba para decirme que mi hijo tenía mucha capacidad pero era vago, que observara si le estaba prestando la atención necesaria y que accediera a esos llamados de alerta.
Es decir, siempre fui yo el culpable. ¿cuando cambiaron la pelota? Pero esto no termina acá. Ahora pareciera que los responsables de la debacle del conocimiento son los docentes y yo no tengo hijos en edad escolar.
Ojo ¿no tienen a otro para verduguear?
Misceláneas 5 (cuatro solas)
2- En el punto anterior dije que existe esa fantasía, pues la venta del alma al diablo no es un trato viable, en cuanto uno siente que su alma es un bien intercambiable por bienes terrenales, automáticamente se desvaloriza y el diablo sabe que sólo debe esperar y la obtendrá gratis. 3- Es notorio cómo la creencia más primitiva y mágica, se disfraza de racional. Es curioso que a las doce de la noche del 31 de diciembre mucha gente sienta alivio por dejar atrás un año complicado, de alguna manera asociando la desdicha al sistema métrico que traduce la traslación de la Tierra en años, como si la complejidad de vínculos, relaciones y salud supiera de calendarios. 4- Cuando yo era chico e iba a la escuela, la maestra no dudaba en llamar a mi mamá para decirle que yo tenía mucha capacidad pero que era muy vago y que tenía que tenerme más cortito, mi vieja desde luego, me suprimía algunas salidas.
Ojo, no quise decir la Fe en lugar de la santidad, para que no me tomen por un escéptico
Ojo, como botellero el diablo se las sabe todas.
Ojo, los antiguos vivían con una desilusión menos.
Ya de grande, con hijos en la escuela, la maestra me citaba para decirme que mi hijo tenía mucha capacidad pero era vago, que observara si le estaba prestando la atención necesaria y que accediera a esos llamados de alerta.
Es decir, siempre fui yo el culpable. ¿cuando cambiaron la pelota? Pero esto no termina acá. Ahora pareciera que los responsables de la debacle del conocimiento son los docentes y yo no tengo hijos en edad escolar.
Ojo ¿no tienen a otro para verduguear?
Alas
Tu vuelo es un naufragio que atraviesa puertas ocultas en el aire.
No alcancé a decirte la otra noche, mientras escapabas por la ventana, que no hay cerraduras en el viento, que vueles por donde vueles nadie escapa en el cielo.
Sé, aunque digas lo contrario que te seguiré viendo, pero no alzo la mirada para que no contravenir tu ilusión y permitir que sea cierta.
Aprenderé a nombrarte en silencio y acallar los murmullos que inauguraste. A extrañarte de 23 a 2 de la mañana, que es la hora en que mi esperanza niega el insomnio.
Los lunes mis palabras frecuentan la soledad de la semana, preparándome a que te fugues con mi deseo de fugar.
Quedan: arrugados pisos, empapada luna, y la noche oscura, llamándote.
De cómo los términos manejan a una sociedad
Los habitantes se protegían de este pecado utilizando máscaras de lana. Nadie conocía el rostro de sus padres hasta llegado el momento de la muerte, ya que a los muertos no se les exigía prudencia moral. Con los esposos ocurría lo mismo. El otro era su voz o su mirada, por esta causa no conocieron el arte de pintura, salvo la paisajista
Los integrantes de este pueblo tenían concedido por su Dios: un cark, (el tiempo de duración de un bostezo realizado por el Sumo Sacerdote, pero dado que éste también ocultaba su rostro los historiadores creen que podrían durar entre 30 y 50 segundos) de esta manera sólo los recién nacidos contaban con ese lapso de tiempo para mostrar sus caras desnudas. Inmediatamente luego del llanto les era colocada la prenda protectora.
Algunos investigadores como J. Lemark aseguran que la causa de su desaparición como sociedad fuera este dogma ya que contribuyó a que el índice de natalidad fuera sumamente bajo.
Su economía fue netamente social ayudada porque sus rebaños aceptaran la conducción pastoril de cualquier ser humano, ya que todos eran parecidos.
Sin embargo, este pueblo se destacó con gran eficiencia en la creación de un lenguaje altamente complejo.
Cada palabra constaba de un grupo de voces que especificaban la sensación a demostrar. El sustantivo abstracto felicidad (ser´j) se decía je cuando requería un gesto de alegría, mejancuando se decía en forma esperanzada, jervetojarse al nombrarla con melancolía, y rostubaksicon indiferencia.
Curiosamente, los vocablos que demostraban alegría eran monosílabos.
Los perezosos, los vagos, los agonizantes, los fatigados, poseían discursos más alegres, por el contrario los conspiradores y los filósofos tenían parlamentos especialmente dilatados en el tiempo y de esta manera aburrían a sus discípulos.
A partir del 1000 A.C. desaparecieron como sociedad, pero algunos investigadores aseguran que modificaron sus códigos morales prefiriendo el tabú sexual.
De cómo los términos manejan a una sociedad
Los habitantes se protegían de este pecado utilizando máscaras de lana. Nadie conocía el rostro de sus padres hasta llegado el momento de la muerte, ya que a los muertos no se les exigía prudencia moral. Con los esposos ocurría lo mismo. El otro era su voz o su mirada, por esta causa no conocieron el arte de pintura, salvo la paisajista
Los integrantes de este pueblo tenían concedido por su Dios: un cark, (el tiempo de duración de un bostezo realizado por el Sumo Sacerdote, pero dado que éste también ocultaba su rostro los historiadores creen que podrían durar entre 30 y 50 segundos) de esta manera sólo los recién nacidos contaban con ese lapso de tiempo para mostrar sus caras desnudas. Inmediatamente luego del llanto les era colocada la prenda protectora.
Algunos investigadores como J. Lemark aseguran que la causa de su desaparición como sociedad fuera este dogma ya que contribuyó a que el índice de natalidad fuera sumamente bajo.
Su economía fue netamente social ayudada porque sus rebaños aceptaran la conducción pastoril de cualquier ser humano, ya que todos eran parecidos.
Sin embargo, este pueblo se destacó con gran eficiencia en la creación de un lenguaje altamente complejo.
Cada palabra constaba de un grupo de voces que especificaban la sensación a demostrar. El sustantivo abstracto felicidad (ser´j) se decía je cuando requería un gesto de alegría, mejan cuando se decía en forma esperanzada, jervetojarse al nombrarla con melancolía, y rostubaksi con indiferencia.
Curiosamente, los vocablos que demostraban alegría eran monosílabos.
Los perezosos, los vagos, los agonizantes, los fatigados, poseían discursos más alegres, por el contrario los conspiradores y los filósofos tenían parlamentos especialmente dilatados en el tiempo y de esta manera aburrían a sus discípulos.
A partir del 1000 A.C. desaparecieron como sociedad, pero algunos investigadores aseguran que modificaron sus códigos morales prefiriendo el tabú sexual.
Ta-te-tí
La separación no fue amistosa, el abogado de ella hizo un trabajo impecable, generando sospechas y armando falacias muy difíciles de contrarrestar. Mi abogado recién empezaba. El juez falló a favor de ella.
Me quedé sin nada, incluso el patrocinante de ella consiguió hacerle creer al juez que la vida de su representada corría peligro. Ella me miró en ese momento, como diciendo con sus ojitos tristes, que eran cosas que se le ocurrían a él. Lo cierto fue que el juez también dispuso que no debía estar a menos de 300 metros de distancia de ella.
Siempre nos movimos con inteligencia, pero un día, no. Me llamó y dijo:
-Che mirá que tengo que ir para el lado de Urquiza…
Yo soy de caráter débil y nunca puse reparos. No le discutía. Así que acepté y en lugar de ir para Chacarita o Caballito, se me dio por ir para Belgrano. Al rato me suena el celular
-Che, perdoname. Estoy tomando el 107. Me esperan en Juramento y Cuba.
Yo estaba en las Barrancas y me dieron ganas de pasear por Palermo y caminar por los bosques un rato. Terminé llegando hasta Av Sarmiento, para la Costanera, al rato:
- ¿A que no sabés quién viene de Córdoba? ¡Mi prima! . La paso a buscar por el aeroparque.
La prima era la única persona que me caía bien de la familia de ella. El día ya lo tenía perdido y decidí caminar por el espigón del Club de Pescadores. Por primera vez lo crucé todo y llegué hasta la punta.
Tan adentro, en el río, la ciudad se ve maravillosa, pero también veo venir a una mujer de blusita blanca, cruzando la avenida, que saca su celular para hacer una llamada…
Yo no sé nadar y ella decía que aprendiera…
Egoda
Este cococho metafórico que viene a ser un peso abrasivo, una carga insoportable, supongo que es una condición aceptada al nacer, pero ¿qué sabía yo de mis miedos y estupideces y euforias? Trasladarme es algo con lo que no contaba.
Como Eneas cargo al ser del que soy responsable, sobre mis espaldas.
A él, Anquises le complicaba el andar.
A mí, soy yo mismo quien lo complica.
Al partir veo en la sombra, que me cargo en mis espaldas como un sol que me castiga, y sé de antemano que el camino será doblemente agotador.
En su -¿o corresponderá decir mi?- salvaje egoísmo se cuelga del cuello para frenar mi paso, o se inclina hacia adelante apurando el caminar. Pretende no ser el viajero, el trasladado, sino el timonel que navega con sus verbos de proa más irritantes.
Me grita sus órdenes, caprichos y sospechas.
Me detiene de golpe frente a la casa de Rosita -su nombre es Sandra pero él insiste en llamarla Rosita- aunque aprendí a disimular el movimiento, para que Sandra no me vea detenido en su puerta. Yo odio a Sandra y él ama a Rosita.
En los domingos más tristes de otoño, a eso de las seis de la tarde tengo que salir para que mire la casa de Rosita y la llame a los gritos como si fuera escuchado. Solo mis oídos lo perciben, pero él nunca lo supo o no le importa.
Creo que desea mi muerte porque yo eché a Sandra de mi vida, cuando supe que me engañaba con otro. Él vive perdonando a su Rosita, y lo seguirá haciendo hasta que un día yo no sienta más su peso y deduzca su muerte.
Ese día, lo desprenderé de mí y quedará a un costado mientras que algún alter ego, menos melancólico que yo, me cargue sobre sí, creyendo poder llevarme mansamente.
Y le dará otro nombre a Sandra.
Nosueños
No sé de cuánto tiempo más dispongo para crear nuevos sueños, o acaso me sobren horas
Tal vez convenga quedarme piola con las utopías sepias, y esperar a que se cumplan, para tener nuevas, que es lo que suelo escuchar en la tele cuando alguien pretende mostrarse como ejemplo de cordura.
Entonces deberé renunciar al sueño de que mueras por mí, aunque día a día perfecciones tu lunar y las pecas de tu espalda.
A pesar de que la tarde se incline y me haga caer hacia el lado de los sueños, ya no quiero soñar.
Ahora solamente me tomo un café en el bar y miro cuando va al trabajo y sigo mirando cuando regresa. Contemplarla sin sueños, aniquila al futuro. Ya no quiero soñar solo.
En la botella
Es mentira, sé que no nos conoceremos, pero quisiera creer que por ahí andás. Yo por lo pronto memorizo los amaneceres de la pampa, el aire irrespirable de enero, mientras leo a Graves, a Baudelaire, a Allouch, y a Nicomendes Santa Cruz, por si te gustan y recorro los bares de San Telmo, tan propicios para la charla, el vino y el desconocerte amigablemente.
Me gustaría saber si hablás en sueños y en qué idioma. Saber si sos la de siempre, o por el contrario son distintas cada día, cada hora. Pero por las dudas, hoy quisiera que te mantuvieras en una, tal vez haya más posibilidad de sabernos alguna vez.
Quisiera que fueras escuchando al Tata Cedrón, de vez en cuando, para que no te resulte tan extraño. Yo lo escucho casi siempre para que no seas vos sola el nacer de mi tristeza. Y que me gustaría conocer Úbeda o el Gótico, y el Camino de los Tristes y Santiago, así que si vos los conoces no te olvides ningún detalle y puedas hacerme sentir que piso esos lugares.
Sórdida
Me voy al balcón. La calle está tan desamparada como siempre, no es una calle como en otros barrios, por lo pronto no tiene árboles en las veredas. Hace poco plantaron algunos pero aún son chicos y no tapan la visión de las puertas vecinas. No sé si sobrevivirán.
Es inevitable que a pesar del calor, tome mate. En el balcón corre algo de aire y un barullo impreciso, ambiguo. Algún grito de adolescente virirl, algún motor. Un grupo de cinco personas se pusieron a discutir justo enfrente. No sé ciertamente si discuten. Amagan una pelea pero parece que están de bromas. Dos muchachos, y una chica con pantaloncitos de jean se van y amenazan a los otros dos, una chica de pollera oscura y un tipo que carga en el hombro un estuche de guitarra. Ahora lo reconozco, es el desconocido de enfrente. Entra a su casa con la chica de la pollera oscura y no sucede nada más. Seguro están calientes y descargarán entre sí los besos más venenosos.
Todavía falta mucho para que canten los gallos que viven en la casa de los empleados del ferrocarril. Todavía falta. La KSK no funciona, pongo la Metro pero el ruido a chatarra en bolsa que pasan a esta hora me enferma, parece cuando pasan los camiones sin tener en cuenta el lomo de burro y sacuden todos los fierros del acoplado. Que curioso, vuelven los tres que parecían pelearse, traen botellas de Coca, seguro van a la casa del desconocido. No, ni en pedo. Siguieron de largo y se sentaron en el umbral de la clínica. Ahora se levantan y se pierden a mi vista pero los escucho. De la casa de al lado del desconocido sale una mujer -lindo cuerpo- no sé quien es, parece que el encame le duró poco y encima ni la acompañan a la puerta. Hay amores tristes. Yo sigo en el balcón pero ahora estoy acostado en una reposera, veo como la constelación de Orión deja el cenit y se descuelga hacia el oeste. La chica de pollera oscura y el desconocido de la guitarra, que yo ya los creía en éxtasis amoroso, salen y se juntan con los otros. No los veo, los escucho. La otra, la que se tuvo ir de apuro a buscar un taxi, en realidad vuelve del kiosko de la estación, supongo, con una botella de agua mineral en la mano. ¡Qué vida sórdida la de esa mina! y la de los otros también. Sigo sin sueño y aburrido, menos mal que no estoy frente a la compu sino hasta sería capaz de escribir todo esto, con tal de que pasen las horas de esta noche sofocante.
Frío
Alternó el paso de sus manos por sobre la llama de fuego azul, una y otra vez hasta desgarrar el frío. A medida que repetía la acción sus manos elevaban la temperatura y recuperaban la movilidad.
Aunque se sintió un poco más reconfortado, dudó en sacarse la campera.
Después, con toda la suavidad, puso a calentar la salsa de tomates y en otra olla, el agua para los tallarines. Mientras tanto se preparó una sopa Quick.
Totalmente repuesto lavó los cacharros y se fue a acostar. Se abrigó bien y se tapó con la frazada.
-Buenas Noches – le dijo a nadie y nadie respondió silenciosamente la cortesía del saludo.
Nunca supo que no amanecería. Que estaba en el polo. Que su noche se haría casi eterna.
Era un experto en el arte de extrañar y excluirse
Ta-Te-Tí
La separación no fue amistosa, el abogado de ella hizo un trabajo impecable, generando sospechas y armando falacias muy difíciles de contrarrestar. Mi abogado recién empezaba. El juez falló a favor de ella.
Me quedé sin nada, incluso el patrocinante de ella consiguió hacerle creer al juez que la vida de su representada corría peligro. Ella me miró en ese momento, como diciendo con sus ojitos tristes, que eran cosas que se le ocurrían a él. Lo cierto fue que el juez también dispuso que no debía estar a menos de 300 metros de distancia de ella.
Siempre nos movimos con inteligencia, pero un día, no. Me llamó y dijo:
-Che mirá que tengo que ir para el lado de Urquiza…
Yo soy de caráter débil y nunca puse reparos. No le discutía. Así que acepté y en lugar de ir para Chacarita o Caballito, se me dio por ir para Belgrano. Al rato me suena el celular
-Che, perdoname. Estoy tomando el 107. Me esperan en Juramento y Cuba.
Yo estaba en las Barrancas y me dieron ganas de pasear por Palermo y caminar por los bosques un rato. Terminé llegando hasta Av Sarmiento, para la Costanera, al rato:
- ¿A que no sabés quién viene de Córdoba? ¡Mi prima! . La paso a buscar por el aeroparque.
La prima era la única persona que me caía bien de la familia de ella. El día ya lo tenía perdido y decidí caminar por el espigón del Club de Pescadores. Por primera vez lo crucé todo y llegué hasta la punta.
Tan adentro, en el río, la ciudad se ve maravillosa, pero también veo venir a una mujer de blusita blanca, cruzando la avenida, que saca su celular para hacer una llamada…
Yo no sé nadar y ella decía que aprendiera…
Confuso
Como el enorme bolso de cuero que usaban los carteros
Como la vejez del nombre grabado en un árbol
Como elegir un paraguas por su marca
Como la demora de la náusea
Como esperar el cartel de “inició sesión”
Como una lluvia torrencial en Sidney
Como los muertos de Gilgamés
Como las ramas que caen en silencio
Como subir la bandera en la primaria
Como no saberme desmayado, muerto, o feliz
Como la emoción inaugural de ver tu ropa blanca.
Como compartir un té.
Como un zaguán y su triste lamparita
Como el cuidado al seleccionar las cosas a poner en un imaginario
Como un catálogo armado por otro
Como un buzón descascarado
Como los que ya no vendrán
Como la viga en el ojo propio.
Como la indiferencia durante las vacaciones
Como el fabuloso escondite de la infancia que se quedó chico
Como un pasadizo intransitable
Como el recuerdo de una cara cuando se está en pleno beso
Como un malentendido dos años después
Como la osadía de los grillos
Como estar sentado en el suelo, contra la pared que tiene la ventana
Como el mal humor al esperar el colectivo
Como la resaca mortal de un domingo turbio
Como los que se van sin avisar
Como poner el despertador para aburrirse desde temprano
Como Jodorowsky o Gombrowicz
Como esta mudanza continua sin tener dirección
Como esa estúpida lágrima que no da alivio
Como el azar de los pasos en la estación Retiro
Como creer en las sombras
Como la chica que está con un grupo, y cuando paso me pregunta la hora
Como comentar algo cuando ya superaste todo
Como levantarme sin conocer el cuarto y no querer despertarla
Como la condena de ser el mismo otro
Como el destino de los sugus rojos
Como sentir frío detrás de puertas cerradas
Como estar solo frente al río
Como este blog que me denuncia
Como el dolor que te quité sin saber que otro lo reemplazaría
Como la fe que perdí hoy
Como todos los 15 de julio
Como las voces o los silencios que trae el haloscan
Como los fantasmas de los muertos de miedo
Como una vez que te vi
Como siempre ante cada despedida
Misceláneas 4 (ojo, no confundir con el post anterior)
1- ¿Es necesario que Wally esté en todas las láminas? Creo que convendría que en algunas no estuviera.
Ojo, también es una solución no buscarlo en todas.
2- Guárdese un poco de misterio bueno para el día siguiente
Ojo, si cree que no tiene más, no descanse hasta encontrarlo… puede perder mucho.
3-No me pidas que me quede si por andar nos encontramos…
Ojo, tampoco el dogma…
4- Si, la encontré muchas veces, siempre como un atributo que las otras no tenían.
Ojo, le cagó la vida…
5- Quisiera tener muchos más sentidos para seguir explorándote de las maneras que hoy no puedo imaginar.
Ojo, lo dije ayer, si antes me ganó de mano alguien, no me importa…
6- El aburrimiento duele en todo el cuerpo
Ojo, el día que Don Ibuprofeno se avive de eso, otra que llenarse de guita
7- El cartel “Hoy no se fía, mañana sí” me parecía de una gran inteligencia
Ojo, sin embargo escondía a un miserable gracioso.
8- Nada tan bueno existe, como la sensación de un amor dando vueltas
Ojo, si puede, acérquese y aléjese, pero no lo capture nunca. Terminará pidiendo explicaciones
9- Yo amaba a los Rolling Stones y despotricaba contra Los Beatles, pero después me dí cuenta que Los Beatles eran más que lo que yo pensaba y en la última época revertí el gusto, para sonrisa de Odeon Records.
Ojo, yo era muy crédulo. Cristina y Viviana también me manejaban así.
10- Las utopías parecen aclarar al corazón; el pensamiento, enturbiarlo; y la realidad, lo opaca.
Ojo, eso que veo poca publicidad por tele
Bonus Track: Ojalá el goce alcance al deseo en esa carrera que parece no tener fin, durante el 2008.
Ojo, se los deseo en serio. Que el placer esté con ustedes.
Miscelaneas 3
Ojo, en los circos se llama cuerda floja
2- La relación de pareja exige deseo, pero se desarrolla en el placer. No hay amor sin placer pero tampoco con exigencias de placer y menos de deseo.
Ojo: Nadie desea no desear.
3-
Los fantasmas no tienen ni teléfono, ni celular, ni mail, ni siquiera reconocen un bar de otro.Ojo: La voz de los fantasmas es un tartamudeo en el silencio.
4- Para que algo bueno te ocurra:
Opción A: Tenés que desearlo fuertemente y concentrarte en ello
Opción B: Debes darle tiempo, permitir que madure. Después llega solo.
Ojo: Parecen instrucciones sencillas pero yo no debo entender algo.
5- ¿Qué extraña tecnología hace que la alarma del auto la escuche y sufra todo el mundo, antes que el propietario del vehículo?
Ojo: Algunas utilizan un complejo sistema en donde el dueño es notificado mediante el aullido de todos los perros de la cuadra.
6- ¿Qué extraño encanto encuentra alguna gente al poner una especie de flautas en el balcón, para producir ululares tristes y molestos mediante el paso del viento?
Ojo: Hay gente que ve el bosque de Sherwood, al mirar un potus y un ficus.
7- La peor tristeza en una relación, se siente cuando uno se da cuenta que es de uno, de donde nacen los besos y el otro solo los contesta.
Ojo: Es más triste que cuando uno se da cuenta que con las salidas pasa lo mismo
8- Los días más aburridos del año son el 25 de diciembre y el 1 de enero.
Ojo, arrancando así como no va a ser tedioso el año.
9- Uno siempre es más canalla de lo que cree.
Ojo, esto incluye a todos.
10- Si la visibilidad excelente es de 10 km ¿por qué se ve la luna?
Ojo, sé que esto es una boludez, pero quería liquidar esta miscelánea.
Frase
Hay quienes no dicen nada, entran en una especie de trance exclusivo, abarcado solo por el silencio, otras gimen y aceleran el ritmo de esos sonidos, algunas dicen “si… si… si…” o “así… así… así… ahí… así… hijo de puta…” en otros casos: “tomá, tomá… tomá, ya… dame… tomá…” pero ésta me decía: “Muerte… muerte al tirano“
Afortunamente en esos menesteres uno no está para preguntarse a qué hace referencia. yo creo que si van a asesinarme es mejor que sea en ese clímax, pero no, no era una amenaza, era solamente eso: “Muerte… muerte al tirano“
Al principio debo confesar que me inquietaba un poco, después lo puede tomar con naturalidad y al final ya me provocaba risa, lo hablé con ella, lo entendió, modificó entonces la manifestación de su orgasmo a : “rodará… tu cabeza… Robespierrrrrrre…”
Ella aseguraba no darse cuenta y que esas frases simplemente surgían y que no las tuviera en cuenta.
Pero un día, confiando este secreto a un amigo, me dijo:
-¿Vos crees en la reencarnación? ¡Ojo, hay que ver con quién te estás encamando!…
No la ví más, y eso que estaba buena.
Ariadna
Llegó Teseo.
Lo sé, porque nada ocurre para asombro mío. La rueda gira en el infinito hasta cumplir todos los designios.
La noche es clara y gime la espuma del mar al golpear contra las rocas.
Ella no ingresó. Quedó en el mundo y mandó a su enviado con el propósito de deshacerse de mí, como ya lo intentó muchas veces. Su propósito no cede.
La noche es traslúcida, y la luna hará brillar sangre para jugar con el reflejo entre los cristales de arena y el aire denso de la muerte.
La valentía de Teseo es tan notable como su estupidez. Podría desplomarlo con mi mirada porque los astros le son indiferentes. Este laberinto es otra gota más en la clepsidra que los dioses no tienen en cuenta.
La noche es silenciosa, me permite escuchar cómo se desenrolla el hilo y sé en que pabellón transita la espada. Nada cambia y sin embargo esta noche es otra. Giran las estrellas, avanza la roja luna en el laberinto hacia el poniente.
La piel de Teseo brilla como las olas del mar, con la misma sal que el océano. Tiembla. El sudor rueda sobre su pecho y se concentra en sus manos y frente. Teme sufrir mi embestida brutal y sigilosa. Ella lo ha enviado. Su propósito no tiene piedad. La piedad nunca llegó a este sitio. He visto cientos de veces la resignación en los ojos de quienes venían a sacrificarme al no hallar piedad en mi furia.
Es sabido que por las noches, por las noches serenas, salgo del encierro sin tener adonde ir, salgo para esperar, luego borro las huellas para que no lo sepan. Yo puedo salir, pero ella nunca ha entrado. No volví a verla desde el encierro. Mi concentración existe para dos cosas, matar a quien viene a matar y mantener el recuerdo de ella.
Dejado
Era un olvido envuelto en silencio. No fue dicho ni avisado, pero supo encontrarme con la habilidad de un perro callejero.
Mañana mataré una memoria, la desangraré y con ella podré hacer alpargatas para no seguir lastimando mis huellas.
Los muros que me asilan no me separan de ese olvido. Por las grietas entra la luz de la ausencia como si fuera una lágrima de luna, seca, sin mar.
Mañana, con los pasos protegidos, lo dejaré en el anaquel junto a los otros olvidos que llegaron hasta aquí, y tal vez una mañana suelte amarras y se transforme en un recuerdo amable, o se muera.
Baches
Uno camina por esas calles de Buenos Aires y es inevitable cruzarse con la soledad.
No importa la dirección que uno tome, puede ser que vaya al trabajo, a una comilona, a la oficina del correo, a encontrarse con una mujer de boina azul o pollera blanca, al Parque Lezama o al lugar dispuesto para el suicidio, lo cierto es que si el ánimo está dispuesto a la sensibilidad, en algún punto del camino, usted se habrá de topar con ese enjambre misterioso e invisible. Automáticamente se dará cuenta de que no hay lugar adonde escapar de la soledad.
Es cierto, no pasa todo el tiempo, son como baches, espacios vacíos llenos de constelaciones ciegas, que con la velocidad de un rayo recorren las venas y las arterias. Nublan la vista. Distorsionan. Apagan la magia.
Los intendentes no han sabido hacer hacerle frente a esta tragedia. Y cuando uno vota no tiene en cuenta esta coyuntura.
Una de las trampas en las que se cae al pasar por estos lugares. es reconocer que a veces uno no la quiere y darse cuenta que ella, solo algunas veces, te ha querido.
Arrancame este esgunfio fulería, que me embarra las alturas. Tirame una cuarta con tu lengua y dame la desenvoltura del fumador de lunas y astros, y un beso taura que me cambie de rumbo.
Triste
Todo instante contiene una hebra de tristeza que mi ojo ya no oculta.
Mis ojos no supieron mirar y contaban, infames y llenos de alegría, sus novedades, pero ahora ellos también se cansaron y en plena noche cerrada son capaces de reconocer las briznas de gris que están en el corazón de los sueños y las vigilias.
Se hipnotizan en su contemplación y olvidan dar cuenta de lo distinto. No me socorre la sorpresa. Toda historia inaugural ya fue relatada. Los idiomas contienen las mismas palabras, las ciudades los mismos individuos y las novedades la misma certeza.
Permanente el relato intenta ser distinto, pero no guarda sorpresas, solo la veta gris, repetida e inmune que reina en los sucesos (y las páginas nuevas ya contienen la misma frase).
Iré a sentarme al umbral de la puerta a comer pan lactal con manteca y azúcar. Nada malo habrá de sucederme. Ahí la muerte es más fresca. Huele a misterios blancos y a vereda recién baldeada.
No quiero morirme triste
Ojalá él pudiera despertar y verme sonreirle
Perdislas
A veces olvido un rostro inolvidable. Lo que parecía eterno, en un viento inmóvil gira y se deshace. Entonces, debajo de mis rodillas, la tristeza me inclina su vino de la tarde. Abandonado a las lenguas que lamen mis brazos, mi espalda y ablandan en mil pedazos mi voz, comienzo el vuelo hasta reencontrar los encierros que fueron parte de este laberinto y ahora, quedaron aislados por el mar (esa otra maravilla) Son reflejos nocturnos caprichosos negándose a cantar su historia. La muerte les dio bautizo transformándolos en islas.
Llegaron a su destino, y baten su descanso las olas permanentes. Un día también yo seré isla encerrada con el azul de la muerte inmensa y marina.
En pleno aire alado, desde lo alto, veo sus fulgores sin causa. Antes fueron sólidas y poderosas contenedoras de mis palabras. Nada en la noche, puede decir el fulgor más que su propia fugacidad. Apenas sus rostros ya diluidos en mi sangre. Pero gozo al ver esa islas en lo enorme, en la noche gigante, en lo oscuro, con sus látigos débiles e inexactos.
Miscelaneas 2
Ojo, cualquier deseo de mostrarse gracioso, y contador de chistes rompe las bolas
2- ¿Hay mujeres bellas que puedan perder toda actitud erótica en público? No digo realizando groserías ocasionales, digo que verlas disminuya la sensación de placer que sus cuerpos pueden generar. La respuesta es: Sí.
A la hora de la salida escolar de sus hijos. No hay ser más soberbio, exigente con los otros y antisocial.
Ojo, si usted se enamora de una de estas mujeres, de nada le servirán las galanterías hasta no cambiar el lugar de encuentro.
3- Ante la visión de un vaso, cuyo contenido ocupa la mitad del volumen que pueda contener. Hay quienes dicen que está medio lleno, otros afirman que está medio vacío. Yo digo que conviene ver si la botella se encuentra volcando líquido dentro del vaso. Si la botella está en otro lado, el vaso está medio vacío. Cualquier otra interpretación es una mirada absurda de los optimistas sin fundamento crítico y posibles compradores de libros de auto-ayuda.
Ojo, no en todo vacío está la muerte. Solo en uno y no lo conoceremos.
4- ¿En qué situación una mujer se vuelve sí o sí en lo más atractivo del mundo? Sin lugar a dudas la primera es: después de haber tenido sexo, en ropa interior y con la camisa (preferiblemente blanca) del hombre; la otra, en ropa interior y con la remera propia. En ambos casos la escena debe desarrollarse en la cocina mientras toma agua o café.
Ojo: No soy machista, pero es lo másss…
5- Si el título de un libro es tan cautivante que invita a ser comprado, debe ser hojeado antes de la compra. Lo más seguro es que el editor le haya puesto ese título para poder venderlo de alguna manera.
Ojo: No es dogma, pero funciona, sino piensen en los títulos de las grandes obras occidentales.
La psicología mutará hacia algo distinto a medida que avance el tiempo.
Ojo: Si está en el CBC no pierda materias y si es paciente, apure el deschave.
Ojo: ¡tanto sufrir y tratar de entender, no merece que se resuelva de esa manera!
8- El problema de Dios con sus creyentes monoteístas, es que no tiene pares y entonces le rompe las pelotas a sus creados.
Ojo. El exceso de panteismo puede generar caspa.
9- Muchas veces en la vida uno sufre situaciones decadentes, como si se cayera algo valioso e irremplazable por el desagüe del lavatorio y usted debe correr hasta la rejilla y meter la mano en ese submundo misterioso para reencontrarlo. Sin saber si ya pasó o no. Sin saber cuando tiempo deberá seguir en la espera.
Ojo, pocas veces se da en este ámbito, es más común en el trabajo o en el amor.
10- Siempre me inquietó una cosa del primer abrazo entre un hombre y una mujer (que no sea un saludo en una reunión) y es ¿a qué distancia deben estar los cuerpos para que ocurra con delicadeza y permita que el otro vaya autorizándolo? Si están alejados, lo inesperado o fuerte puede provocar un movimiento violento que desluce la situación. Si la distancia es mínima, tal vez el instante requiera un beso y uno quede como un lenteja.
Ojo: Un frentazo en la mandíbula puso nock-out a muchos.
Como siempre, mi promesa de no postear seguido
Ojo, puede ser profecía.
Pequeñeces de la pequeña vida intelectual
Como en la vida de la mayoría de los chicos, en mi vida infantil, las pequeñeces han sido todo.
Los llantos fueron mínimos e intensos, y la felicidad ocurría a menudo, pues era la reemplazaba la sencilla: satisfacción. No me gustaba comer, entonces, un acontecimiento feliz ocurría al ser liberado de seguir haciéndolo. No me gustaba la escuela pero era muy feliz al formar en el patio para irnos.
Las cosas pequeñas me llamaban poderosamente la atención, las hormigas y sus desgraciados asesinatos –cosa que no era poco para ellas- las lombrices y sus segmentadas vidas, el pequeño barrio de Villa Urquiza que constaba de mi vereda y la de mis amigos, pero que algunos meses se extendía hasta la peluquería. Luego la pequeña bicicleta me llevó a otros barrios (las manzanas vecinas) y con pequeñeces mi pocomundo se fue ampliando.
Sin embargo había desarrollado un día se instaló en mí, una sospecha. Hablaré de la sospecha:
Posiblemente por escuchar durante el invierno a alguna vecina, la dramática frase: ¡Si sigue así, nos vamos a morir de frío! sumado a mi desconocimiento de los números negativos en las matemáticas, algún día supuse que la marca 0º era indicio inapelable de la muerte del ser humano. Hasta acá la cosa no sale de una especulación ajustada a los pocos datos que uno manejaba, sin embargo un agregado lo hacía dramático.
Yo iba a la escuela a la mañana. En la cocina la radio estaba encendida y todos los días antes de salir se escuchaba el noticiero: La voz dramática del locutor: Temperatura Ambiente: 3 grados. Aun recuerdo el jingle del auspiciante:
Proveduría deportiva, tiene de todo, todo, todo, para el deporteeee ¡Proveduría deportiva!
Caza, pesca, motonáutica, fútbol, basquet, camping
Proveduría deportiva, tiene de todo, todo, todo, para el deporteeee ¡Proveduría deportiva!
Y yo me iba absolutamente abrigado gracias a los oficios de mi madre, sabiendo que la muerte podría estar cerca. Ella -resultaba obvio- nunca me dijo nada para que yo no me preocupara. Esto hacía verosímil la sospecha: Si todos lo ocultaban, si nadie quería hablar de un tema tan angustiante y arbitrario, desde luego era cierto y no debía preguntar.
Recuerdo que eran los primeros años de mi vida escolar y mi madre me llevaba hasta el cole. Yo casi no hablaba, trataba de soportar la idea de morir lejos de ella. Nunca supe cuanto espacio geográfico registraba la misma temperatura, era probable que en la escuela hiciera un grado y en mi casa cero grados, pero eso ya era mucho para mí y expulsaba ese pensamiento. Me acuerdo que veía a todos tan serenos, que me pasmaba y trataba de estar a la altura de ellos. Me ayudaba mucho que en la escuela no se escuchara el noticiero, ni se dieran aportes fatalistas con respecto al descenso paulatino del termómetro.
No sé cuanto me duró esta sospecha. Tal vez dos días o dos años (seguro, un invierno) Un día -simulando cierto descuido- comenté esa tesis a una vecina -mayor que yo- y se me cagó de risa. Entonces me fui a jugar a la pelota. Otra pequeñez había sido superada.
Miscelaneas 1
Ojo, de eso no se habla cuando alaban al amor.
2- Antes todo era menos viejo.
Ojo, los diarios lo callan
3- Los medicamentos en cápsulas cuyo color tiende al rojo resultan más efectivos que aquellos que tienden al amarillo y éstos son muy superiores a los verdes. Cuando son de dos colores todavía no se sabe bien. Los blancos tienen tendencia a ser placebos y su efectividad corresponde a lo establecido en el mercado.
Ojo, este es un dato que conviene que desconozcan los dueños de laboratorios.
4- No por mucho postear amanecen los comentarios más temprano.
Ojo, no es llamada de atención.
5- En los mejores post, los comentaristas se aferran a una frase, porque no entendieron.
Ojo, sigo sin llamar la atención.
6- Antes todo era mejor
Ojo, no es cierto, en realidad el mejor era uno y tenía esperanzas
7- Sigmund Freud nunca tomó en cuenta el momento de mayor abandono que sufre un individuo. Este es cuando por primera vez el niño grita desde el baño: “Má, ya hice” y la madre le responde: “Bueno, limpiate vos yo ahora no puedo ir”
Ojo, es el momento en que el niño se da cuenta que el universo no se acomodará a él. Muchos adultos todavía no asumieron esa ruptura.
8- El amor existe en tanto cumpla con los requisitos de narcotización del efecto provocado en el punto 7.
Ojo, el amor es una soledad que parece no serlo.
9- Si en lugar de ser sucesivos los minutos (hasta que no pase uno no se inicia el otro) tomáramos lo que ocurre en ese tiempo como el inicio de 60 minutos, y en el minuto siguiente se cerraran esos 60 minutos iniciados antes. Cada dos minutos convencionales tendríamos una hora,. Cada 20 minutos convencionales pasarían 10 hs y cada hora convencional ocurría 30 hs o un día y cuarto. Nuestras vidas serían mucho más largas pero con los mismos problemas.
Ojo es difícil explicarlo, pero no estoy loco. Igual ya está.
10- El sentimiento de amor ocurre una sola vez, pero en innumerables ocasiones. La señal es cuando, durante el beso inaugural, uno cree comenzar a respirar por primera vez
Ojo, El resto de la vida es la búsqueda de la repetición de ese instante
Los dejo por unos días para que lo piensen.
Ojo no me voy, pero me da fiaca la seguilla de post
Margen
Delante o detrás mio el azar inventa sus colapsos. El griterío crece entre ásperas rocas, reclama y demanda, aunque yo haya pasado miles de veces por delante y nunca vi sus heridas.
Bajo la lluvia torrencial llevo el ánfora hasta el aljibe y la lleno con agua que ya contiene. Los juegos desparraman bendiciones sin alcanzarme.
No imagino qué hacer con el primer sentimiento que reconozca, me gustaría poder tomarlo con mis manos y sentir su pellejo tiritar, capturado en la conmoción, para demostrarle que soy inútil de santopilatos y soltarlo sin ceremonias.
Nada nostalgia estas palabras sin sonido (como pequeñas copas de árboles) aunque a veces el aire parezca una puerta y me haga creer que alguien goza de mi, como si yo fuera el número que da la ciencia,
Y el silencio impregna mi cuerpo con su carga de cera y melatonina, mientras un misterioso ardor me ensancha la boca y de afuera parecen llegar señales.
Manos
Dije floreros como podría haber dicho naranjas de ombligo, o palanganas, o jarros esmaltados para preparar la leche. ¡Eso! ¿alguien podría creer que la brisa de los valles es como jarros esmaltados para preparar la leche? No ¿no? bueno, el movimiento de su mano era indefinible, y eso que yo estaba como a tres metros de ellas y no tenía el poder de la visión completa.
En ese bar suelo ir por las mañana y asesinar libros, pero ella y su bendita mano le cambiaban el rumbo a mi rutina.
Cuando revolvía el café o al dar vuelta la página de aquello que estaba leyendo parecía que a mi vida se le modificaba el destino. De pronto yo, el hombre más miserable del mundo, me convertía en un ser esperanzado, luego me volvía un tipo de una gran delicadeza al que le torturaban la lengua, recuerdo haber sido estafador de segundo orden junto a Erdosain, centro delantero tronco de San Lorenzo, en 1966. recolector de aceitunas en La Rioja. Todo eso y mucho más sin abandonar mi mesa junto a la ventana.
Su mano era, sin lugar a dudas un ciruelo mágico, pero ella lo desconocía porque no daba fruta sino un dulce y misterioso enigma como en setiembre cuando florece.
A la segunda vuelta de hoja del libro que leía desparecieron dos turistas, la mesa en que apoyaban sus bebidas y un muchacho que trabajaba en la oficina de enfrente, más tarde el colectivo 39 que justo pasaba por la puerta del bar, todos sus pasajeros, el libro de Juan Filloy que yo leía atentamente, la uña de mi dedo índice y ocho pestañas del mozo. Nos comía su mano, y felices e ignorantes, nos entregábamos al festín de su boca y de su morder metáfisico y su saliva real.
Nada podía detener el vuelo hambriento de sus manos y yo me entregaba más que nadie. Dejé de verla al nublarse mis ojos, sospecho que rodaron junto a café. No me ví más. Nunca más. Ni cuando ella pagó y se fue y eso que yo tenía la esperanza de que solo fuera un sueño y un juego de ilusiones…
Pasos
La tarde alienta el instinto de encontrarte. Tal vez aún nos separen miles de kilómetros o 10 metros. La sentencia es no saberlo.
Cuatro cardinales y sus variaciones. Ocho pasos distintos. El tablero es el mundo y sin dato alguno, una sola posibilidad de hallazgo existe.
Si nos encontramos y aún no soy Él, te habré perdido.
Si descanso en mi fe, es posible que no llegue.
Si radicalizo la acción, es posible que me adelante.
Si no te preparaste para el momento de ser Ella, ninguna será Ella.
Estar, debe convertirse en ser.
Nada en nosotros escapa de nuestra existencia, como cometas ciegos, perdidos en el universo o en las calles de ciudades desconocidas, o entre extraños.
¿Cómo reconocernos si el porvenir es de sombras indefinidas? Si ni siquiera sé si alternamos los pasos…
Ahora te toca a vos…
El Destino es más perverso que fatal
Tanta
Ayer éramos víspera, pero ahora estábamos a punto de ingresar en el conocer, en la disminución de sospecha.
La vida en el amor dura una noche, después, el intento de recobrarla o mejorarla.
Nos bailamos entre melodías de sudor. El silencio hizo una película sobre los cuerpos, permitiéndonos rodar sobre el otro, y tus piernas abrazaron mi cintura y mi boca se clavó en tu hombro para anclarnos con fuerza y no avanzar en el tiempo, pero el músculo se contrae, se transforma en roca, diamante, explota y duele hasta no pertenecer al cuerpo y derramarse sobre lo extenuado. (después sabremos que músculo y tiempo es lo mismo)
Y el cuarto fue rodilla, muslo, dedos rotos, una mandíbula arqueada a beso, labios áridos, piel llorante y las paredes opacas nos reflejaron sin materia.
Después de amarte nació la tristeza.
Xeito
El resto fue un boicot, una llamarada de Kenzo con esencia de sábana y el camino redondo y una proa en la almohada.
Escucharon sus nombres, sus mentas, y las macanas llenas de fábulas. Fueron Esopos desnombrados, (liebre y tortuga intercambiando lugares) los vacíos llenos de palabras, los verbos de la sonrisa. Rechazaron el amor que hace tiranos. Se perdonaron de inmediato al primer sorbo de beso y bajaron los orgullos hasta enrollarlos a las piernas. Solo durmieron por el placer que se brindaron.
No hubo monumentos, ni cartas, ni más celebración que el café de la mañana.
Nunca más se vieron. Siempre más se añoraron.
Aquí
No todos los patios llegan hasta el río. Este sí. Este patio nació en esas aguas, antes de la sorpresiva bajante, cuando todavía las olas eran gatos de espuma que lamían dulcemente.
Ya no quiero más sorpresas, aprendí a temer.
Perdí mucho cuando abandoné el descampado de estas baldosas.
Una vez, este patio, me ofreció ser archipiélago. No lo entendí, sin embargo fui madrépora, núcleo, residuo creador de nuevas ignorancias. La firme disolución de lo santificado.
Ahora muevo la manito derecha (así, de acá…) simulo que los crayones me dibujaron un enorme ojo pálido que quisiera ser lengua y un bombín que se rie y apasiona.
Tengo que ocultar este momento en algún ropero. No debe ser vista mi desnudez. Nadie puede verme morir ahogado en este frío.
Una bandada de percheros sobrevuela el patio. Buscan repartirse mis ropas.
Demasiado necio para entenderme, sé demasiado, ya no podré negar tu presencia.
Todos los patios son colmenas de mañanas. Las baldosas ascienden en vertical, superan el cielo y retornan, inquietas intercambian chismes., Detenidas en mi mirada, su tiempo jamás se cansa.
Se repiten como Melatonin y me pierden en las telarañas de los muros. Salvaje polilla de los huecos el fin es infinito.
Esto
Un recuerdo o un sueño pueden ser sus vallas. La parálisis del Alter Ego que gobierna ojalá se reflejara en estos charcos con la nitidez de la estrellas.
Se percibe mi desintegración -como una nube de enero- y nada puedo hacer para que no la veas. Se deshace mi memoria cuando la acorrala un suspiro.
Percepciones
El frío nocturno hacía crepitar las rocas y yo suponía que los dioses tallaban una grieta, una boca, una puerta, pero no encuentro el lugar en donde los minerales gimen.
Intenté destruir mi cuerpo en dos ocasiones y tal vez lo haya logrado, pero en ese caso tan solo la luna me ha visto morir y optó por callar.
A los lejos se ven resplandores, se escuchan voces, algunos desconocidos pasean hasta aquí y trasmuros les escucho hablar en voz baja acerca de un monstruo al que temen. Me asustan esas revelaciones. Tiran piedras y a veces me despiertan, entonces me sobresalto y quedo alerta creyendo que puede ser el asesino que acecha, hasta que alguna mariposa viene a quitarme severidad y corro tras ella, o noto un nido nuevo que pronto será abandonado.
Los paseantes, tal vez exageren y hablen entre sí sabiendo que escucho. Nunca he visto otras huellas que no sean las mías, ni huesos ni cuerpos a la intemperie. Los he buscado con la impaciencia del perseguido, pero no los hallé. Acaso, sospechen de la luna, pero se confunden.
Mi universo es estrecho como estos pasillos. El sol, la luna, la lluvia, y el miedo a la bestia.
Imagino que afuera el universo es más sutil y liviano. Seres de luz y voz y alas, con despreocupación de trashumantes sin extranjerías. Libres.
El melancólico inmortal (hasta que el bobo diga basta)
No quiso abrir ese cajón. No le interesaba ver la simpresencia.
Igualmente lo vigilaba con atención y un solo un ojo (el más discreto de los dos) por si aparecían las brujas. No hay nada más perverso que una bruja un lunes a la mañana.
El sol entraba en el cuarto, colgado de un gancho en el techo se balanceaba su cadáver más reciente. Se persignó, hizo una muestra de respeto y otra de “¡quelevacer!”
En la cocina se tomó unos mates, mientras leía el horóscopo.
Esa ausencia le había borrado el placer, le había quitado el deseo, arrancado las nomeolvides de la esperanza, extirpado sus llantos geográficos sobre el planeta de su catrera. Entonces con la ingesta del quinto mate amargo, se dio cuenta que todo él pendía junto al cadáver del cuarto, pero de alguna manera era un resto indestructible de lo muerto.
Llevó el cajón de la izquierda al incinerador, y sabiendo que nada podría volver a esgunfiarlo se fue a enganchar la primer mina desconsolada que viera.
En tan largo no haberte conocido…
En vos todo es humo obstinado…
Pasarán las horas girando en el cielo de la noche, mientras tu indiferencia canta asesinándome por extraño.
Todo se han tragado las voces: mis estiradas señas, mis pasos enfrentados… atrapada en el vórtice desconocido de quien te aisla con su hombro.
De nada me defienden las crueles tardes al servicio de “Calico Jack” y sus hermosas piratas rodeando Jamaica, ni la confusa jornada del 16 de junio con Leopold Bloom. Ni el aire marino da Ria de Aruosa, ni buscar con Pepe Corvina la fragata hundida en Cabo Polonio.
A veces, de tu distante mirar emerge mi espanto.
La comparsa de la demora
Se acabó la magia. Es hora de irse, rechazados.
Esos relojes, que marcan la hora, cifran nuestros nombres, y las ventanas de la noche nos saludan con su vuelo de indiferencia. La cita es en la fiesta de la nomuerte.
El siempremismo forfai, que nos lleva a la banquina, hipnotizados, y el desfile comienza con el alcohol de las contradicciones.
¿Qué por qué? ¿qué por qué? ¿qué por qué?
(la base es de lamentos)
¡qué vos no! ¡que yo sí! ¡qué vos no!
(el violín de lágrimas)
a que vuelve, a que no, a que vuelve, a que no.
(la murga se empieza a mover)
Mostrar la tristeza abierta como una flor y perderse en esa agitación.
Ay alma de ron… esta es la fiesta de los perdidos, de los que debemos aprender a partir.
Con las manos secas de piel y la boca hablando aire, el intento se rehace.
¿Hasta cuándo? ¿Siempre así? ¿Otra vez?
(repiques y surdos)
¡qué yo sí! ¡qué vos no! ¡que yo sí!
(redoblantes y falsetes)
Te quiero igual, te quiero igual, te quiero igual
(lágrimas a capella)
Todo final es triste…
Dejame dormir
Hoy quisiera dormir.
Dormir un cielo entero y que nada me espere. Sentir una caricia, que no llegue a despertarme, mientras alguien me quita el barniz tan cansador de mis relatos. Devolver los dedos, las rodillas, la v corta de mi apellido, las escasas uñas, el páncreas, a quien corresponda, y por fin abandonar la obscenidad neurológica. Dejar en una bolsa negra, de consorcio, los agudos pesares y las morochas angustias. Dejar, en una esquina de la almohada, a la memoria y que los cirujas la desvalijen.
Saber que no ocuparé este espacio ya nunca más, y que todo sea un recuerdo efímero, volátil. Que el Olvido tenga un nombre: Hurlingham
Bañarme en ese dormir sinsueño, sinimagen, sin vigilia ni matices, con la amabilidad de algunos silbidos dulces. Poder llorar hasta que el esternón se desprenda llevándose las mistongas lágrimas secas pegadas a él.
Que saludarme y despedirme sea una sola voz. Y quienes me quieran, sepan.
Después despertar y que alguien me llame por otro nombre, y sonreír, y agradecerle, aunque me mire con extrañeza, como si yo no debiera saber.
El Eclipse
Sé que esos pasos no me juntan, ni calientan mi boca.
Los eclipses me persiguen hasta esconderme arriba de tu cama. Esos miedos sin párpados, de vigilancia estricta y severa, enfrían mi sombra.
Descalza e indiferente lees un libro en Plaza Dorrego, las hileras de letras se suben por los hombros hasta tus ojos, sin descifrarme, por eso dejame crecer entre tus ramas.
Sé que tus verbos no me sujetan, pero son mi símbolo.
A la hora ciega de brillos o a la hora de la luna, el deja-vú de una simple baldosa me alentará a trepar por tu espalda-
La vieja tristeza
Trato de quitarle el polvo de la duda a esos nombres, al igual que en los exámenes de historia.
Supongo que algunos vecinos caminarán por la vereda de mi casa y como no me vieron ir creen que sigo estando. Es posible que sospechen que yo también he muerto. Tienen razón. Agonicé la noche en que me dí cuenta que la felicidad no era una condición natural.
La del olivo
Siento otras voces en la plaza. El perfume de la Rue Beautreillis se transformó en el color do espolón de Padrón. Las altas palabras de Defensa y Humberto I, en la clara nevisca de Úbeda. Noches del buendecir y mejorcallar…
El Grillo
El tercer botón de tu blusa es estridente, molesto, y disciplinado, como un grillo.
Y vos disfrutas -porque lo sabés- con su canto nocturno puesto ahí, abrochando las piezas, mientras tomamos vino y hablamos de Deleuse y los suicidas, de Camús y de Pizarnik y solo tengo ojos discretos para ese grillo que desentona sin cansancio.
Te divierte atacarme por todos los frentes, haciendo que ese grillo manierista me aturda. No, el segundo botón, para nada el primero (que está abierto) ni el cuarto, ni el quinto… el tercero es el guardián del umbral.
Vos lo sabés y hablás de Milton para que yo no pueda concentrarme, y luego te levantás del sofá regresando con más vino y seducción. Y mi mente se estrella contra la lámpara de luz sensual, intentando recordar algo de Rimbaud -que jamás vendrá a mi memoria- porque ese grillo me atormenta, y se ríe de mí y sé que alegremente canta mi desventura, hasta que maniobro para desprenderlo con mi mirada y darle muerte.
Los dados del juego son tuyos y sonrío ante la demora dialéctica sabiendo que está llegando a su fin.
Espero el momento. Con sigiloso andar y mirada del que no pierde a la presa. El grillo sabe que la suerte está echada. Su cantar se hizo vulnerable. No más demora, ni seguridad, ya ninguno puede escucharlo.
Polvos de maga
Te amo con toda la muerte del mundo. Tanta belleza es fatal.
Te vas en una gota que rueda. La magia reina en tu pliegue más húmedo, hasta secarte la boca.
El vendedor de seguros que me vendió la póliza esta mañana, no sabe que fue desintegrado por tu hechizo (ni los clientes de Coto, ni los barbudos, ni todos los canosos del mundo).
Tu animal gota perlada decide el seguirsiendo del universo.
Nadie puede mirarte ni despedirte. La ciudad colapsó y yo, a tu lado, soy el parpadeo inmóvil. Los embalsamados oficinistas quedaron sujetos a su mirar al reloj, y la puta del club Arizona, a medio vestir.Y va a ser que esa gota se hace barco y en ella partirás desvestida de polvo y miel. Tu rostro tomo otro rumbo, partió a tierras en donde el amor aún no tiene nombres.
Los barriles del infinito derraman su gemidocaudal en esa mínima gota que eras y ahora te contiene y nos arrastra.
Serena
Ella canta bajo la luz mojada que le es indiferente mientras esté cerca.
No hay otro mundo fuera del mundo de esa canción, y no hay otras leyes ni otros sabios.
Nadie puede descubrir el idioma, ni la melodía, ni el ritmo. Solo ella parece saberlo. Ella es autora de su desconocer.
Canta y se le va cayendo la piel y los ojos se le hacen más pequeños.
Entonces llega a otros puertos, y conoce a otros seres, y les canta la canción que nadie puede cantar con ella.
Se ha refugiado en los muelles y canta para revelar su ubicación y decirnos que está bien.
Revolución Cósmica
Y esta tarde no tendrá fin, y será para los suicidas como una rave melancólica. En fila, mis muchedumbres miran hacia el río, y el desfile de las nubes (como barcas vacías y pesadas) nos contrae. El planeta se ha detenido y es herrumbre del espacio.
Apenas un destello arrugado como las uñas de Dios, llega desde el parque, y me atraviesa con su furor de magras muertes (grises y rítmicas) que jamás se cansan de dar en el blanco.
El aburrimiento duele. ¿Moriré por este dolor de codo? ¿Me matará la molestia en el tobillo? Creo que sí. Debiera ser así. Ojalá muera mientras le hago la ausencia y enredado a su lejanía. La soledad pule los espejos para que reflejen las negras bocas de todos los cadáveres.
Y de pronto, escucho tu voz pidiendo que nos veamos.
Pincel neuronal
La vi venir, como quien ve venir una tormenta. Imparable, ineludible, insalvable.
La precedían los vapores del porro, y unos imanes fantasmas que nacían de sus pechos. Yo estaba en el balcón, víctima indefensa.
Yo la vi venir y me preparé. Tomé aire pretendiendo no morir demasiado rápido.
Los invitados a la fiesta dejaron de interesarme, y ni siquiera me molestaban. Ella, me había capturado con el movimiento de su cadera y provocaba mareas en mi sangre. Los ojos se me iban, no hacia ella ni hacia el mundo, se me iban para adentro, se aflojaban, se caían y me dejaban solo, pero el rojo de su vestido los arponeó para atarlos con deseo a mi cuerpo.
Me mantuve en el balcón, esperándola. El Bacardi con durazno se escapaba cobardemente, escondiéndose en mi garganta.
La vi venir, como quien ve una maldición. Imparable, ineludible, insalvable.
Y de pronto, desapareció. No dejó rastro. No se perdió entre los invitados, solamente desapareció… así nomás.
Las risas me devolvieron a la fiesta y me sentí humillado.
Garmendia y sus bromas. Con la mente dibuja personas en tres dimensiones, y cuanto más fumado está más lujuriosas parecen. ¡Si será hijo de puta…!
El chancho cósmico
A mi alrededor todo está tiznado de un sinsabor amarillento, como si estuviera en el estómago de un cerdo invisible, desde el instante mismo en que fui parido. Y transforma en rancio jugo a mi pensamiento. Menos mal que Amalia Rodríguez también está aquí y la escucho.
Este cerdo es un gourmet ecléctico, come música, voces, escuelas, amigos, oficinas, drogas, muertos, amores, amores muertos, todo los que creía mío era alimento para él.
La luz que llega es de un sol mufeta, repleto de estrías. Abro la celosías y afuera, en la calle, no se dan cuenta que el aire es ácido y entra en los pulmones y la boca hasta alimentarnos con quien se alimenta de nosotros.
¿Cómo hago para cerrar este paréntesis abierto en el sinespacio?
Los sueños caminan por el estómago, mirándome como a uno de ellos, como a unonada –desechos de una historia que falló- No hay lugar en el que no forme parte de la sopa –como un grumo sorprendido-
¡Sacame de este cuerpo! Que me ahoga la sangre. ¿Es que nadie quedo afuera, blandiendo la espada?
Y me miro como a un Jonás de granja… y este peso enredado a mis piernas (con cuerpos que quedan debajo mío, y otros que me aplastan mientras giramos hasta el espasmo)
De nuevo abro la ventana, el sol es más viscoso día tras día.
Ladrona del Olvido
A su piel regresan las gaviotas perdidas y de ella nacen las olas, como un muelle construido para el adiós. El sol le evapora los suspiros de la madrugada, y con 28 gemidos te matufia la mañana. Limpia las memorias su desnudo de seda con ropas agitadas.
Gitana de las arenas. Señora de los rayos.
Dicen que en su casa se esconde el tesoro del Olvido, y que sus pechos dibujan el mapa. Que debe ser mordida tangamente –humedad del abandono- para poder escapar de sus fantasmas.
Su impulso pirata -derramado en la cama- saquea los sueños y fondea la vida vaciándola de Olvidos.
Después graba en tu garganta el perfume de los mares que no conocerás.
M A Enmadrid
Yo conozco una mujer que me espera en Madrid, vestida con humedad de Palermos y tabaco, y una boina marrón, y un pensamiento ligero de que la bese.
Aun mantengo la carta -cerrada y olvidada- que solo sus ojos miraron.
Y esta espera no tendrá fin, y será un homenaje a los suicidas, como una celebración courréges .
Los crepúsculos bajan por el árbol de su casa, como una alimaña nocturna. Y yo he pasado por ahí volviendo a ver ese día de aeropuertos y frío, en Buenos Aires. El día en que hicimos la poesía de los tristes y el olvido se persignaba ante los verbos moribundos.
El títere muerto
El titiritero llora anís y mantiene la esperanza de que en un carnaval resucite, pero el caballo de la calesita es más trágico y cree que el mundo ha enloquecido por la noche.
Descartan el suicidio porque les parece que un títere con tijeras es antiestético, y veneran el asesinato. Siempre es sensato -dicen en las comadres- que haya alguien más poderoso que un hilo.
Despertámbula
Piantá del silencio y abrazá mis murmullos. Cuidame de este suburbio en que me deja tu descuido.
No ves que se mueren mis astros cuando no te acompañan, y en soledad buscan la tumba donde fumarse la rabia. Y aunque sueñes que soy tu sueño no me llega tu palabra y recorro antologías de gestos, para descifrar tu fantasma.
Piantá del silencio y abrazá mis murmullos, que en la calle no hay nada
Para que vean que tengo órgano cardíaco
Así el sentido común sostuvo que la tierra era el centro del universo, que dos cosas de igual masa y distinto peso caían a distinta velocidad, que las enfermedades no las podían provocar organismos microscópicos, etc, etc. Y desde luego que dos personas que se aman pueden hacerle frente a todos los males del mundo.
Yo impugno esta afirmación. Una pareja no puede hacer frente a nada que sea una adversidad sino por capricho, o por conveniencia.
Es posible que alguien no crea en esto y me refute diciendo: Acepto que el amor no es eterno, al menos en principio, pero es real, pues permite que al menos durante un tiempo, dos personas disfruten estar aisladas del resto sin que el deseo entre ellas (deseo como estímulo vital) desaparezca.
Es en este punto en donde yo creo que debe jugar otra observación del fenómeno. ¿Qué es lo que uno desea de otra persona? Lacan decía, con gran habilidad: “El deseo de uno es el deseo del otro” en el sentido de desear que el otro lo desee a uno, pues bien volvemos a la pregunta anterior ¿qué es lo que desea uno, del otro? ¿Que lo ame? Yo dudo de esta respuesta porque no se puede saber cómo va a responder el amante -justamente porque el amor no está definido- lo que creo absolutamente es que uno desea en el otro; el humor, y es ésta la característica a desear en una relación estable.
Nos une el sentido del humor (por supuesto que tiene que agradar físicamente la otra persona) pero lo que mantiene a dos extraños unidos es la perspectiva humorística de la vida. Desde luego que esto no significa contar chistes sino la mirada humorística sobre la cosas. Cabe aclarar que al definir humorística no lo hago con el concepto de industria del espectáculo, sino de la cupla: gravedad-liviandad, ante la profundidad de los acontecimientos. En definitiva: reír e indignarse en los mismos momentos.
Incluso muchas veces uno espera a ver como el otro reacciona en esa dicotomía, para establecer un gesto. De hecho las discusiones entre amantes se suscitan por diferentes interpretaciones, y es que el humor nos hace interpretar.
Cualquier otra característica tiende a desvanecerse:
Un individuo del tipo dulce, tierno, amable, sensible en algún momento será un falto de carácter y perderá nuestra admiración.
Un individuo del tipo fuerte, decidido, pujante, emprendedor terminará siendo un intolerante y perderá nuestra admiración.
El individuo que sostiene un humor parecido al nuestro nunca perderá del todo la atracción que ejerce.
(Nota: Tengo más argumentos, pero no los pidan. Solo piensen esto y verán que no importa si el amor existe o no)
Por venir el pasado
Me dejé caer por el abismo hasta que mis ojos dejaron de verme.
Así escapé del tirano.
El Censor escuchó la noticia de la fuga mientras mi cuerpo se retorcía contra las filosas rocas del extranjero.
El escándalo del escape le agregaba ferocidad a mi vida. Yo ingresaba en la muerte. Nunca me encontrarían en ese hoyo de hielo y roca. Ya pronto el Ser de la Eterna Noche me llevaría a su festín.
El Censor soñaría con mi pasado, y todas mis próximas mañanas serian evocación de anteriores.
Mi presente se disolvía, en tanto que, el que fui y el que seré, regresaban a enfrentar al tirano.
Romperutina
Recién ahora entiendo por qué lo hice. En el momento en que sentí el impulso a despertarme, lo ignoraba.
Entonces, me toque el hombro, me sacudí un poco y en cuanto di muestras de despabilarme, me ofrecí unos mates y comencé a hablar. No tanto por la necesidad de respuestas sino para que no regresara a mi sueño.
Me había acostado muy tarde. Solo había dormido unas dos horas cuando vine a despertarme –de jodido que soy, nomás- porque pude y debí seguir durmiendo, pero me hice levantar.
Me tiré la ropa sobre la cama, y entonces ¿qué iba a hacer? Me sentí obligado a vestirme. Los mates que yo mismo me cebaba, atacaron mi mal humor. En ese momento yo no sabía porque actuaba así.
Hasta que me di cuenta de que si ese despertar no ocurría de esa manera, mi día iba a ser como todos. Entonces lo arranqué odiándome.
Deseo secreto y final
No vengan, amantes de la gloria (viajeros eufóricos), que las esquinas del recinto cultivadas con jazmines y camelias, se transformarán en sus nichos mientras quien espero, quede afuera.
¿Qué puedo decir que mi callar no haya expresado? Cierro el aliento, olvido las rimas, oculto mi vigilia entregado al alba. Y sueño que no llegarán espada en mano, y que no los mataré. Pero hay silencios que solo los pronuncia la sangre.
Calambre. Contracción. Espasmo. Colapso
Ella se fue. Desnuda se entregó a la despedida.
Borré la amenaza roja ramificada por mi piel. Como una sombra que desborda los muros y alcanza la libertad para torcerse rumbo a la noche, crucé las galerías.
Sus huellas entregaban el escaso fresco de la noche y las luces, esas que me enseñó a leer, extraviaron sus signos.
Nada tan terrible como una ausencia en la nochevigilia templada, mientras se escuchan otros silencios que llegan de afuera, y el perfume nace de su nombre recién cortado y mojado por el rocío.
Soy la especie y el individuo, la cancelación del par. Lo único. Un todo clamando por complementos.
Atormentada y húmeda lengua que lame una y otra vez la árida roca. No me asiste la inteligencia (como si se hubiera ido tras suyo) Las arañas tomaron el control, y tejen y destejen (adictas a su capricho) las redes atroces y macabras de mi pensar.
Ya sin mí todo mí fue ocupado y se muestra en los muros. Sus erosionadas rocas me reflejan, muestran mi perfil y multiplican mis aullidos. Dolor de terso calambre. Melodía asesina de mis ecos. Paredes inscriptas e insepultas (inútiles frente a un suspiro, impiadosas ante el dolor)
Avos -integrales del procenio móvil-
Otra cara viene a mirarme y trata de distinguirme. No puedo hacer nada por hablarle. Nos sabemos y nos jugamos a la muerte.
Me hago el distraído. Agrego letras. Soy cuidadoso en el detalle de su movimiento.
No hay velador que alumbre su imagen, toda luz le apaga los signos.
Usa mate largo y sabe bajar de la compu en movimiento -como los descuidistas- Aparece a cualquier hora, como las sonrisas para otros.
Se queda a solas con mis palabras y las huele, las muerde, les conoce el sabor antes que nadie. A veces las escupe o les cambia el significado. Pero no se anima a hablar (con esa voz inescrutable) ni a robarme letras para enviar un mensaje.
Se siente impune, libre, pero sigue sin ser.
Haré un nido con entreoraciones, con cesuras leídas en tono menor. Y seguiremos solos, en ese con sin otro.
La mufeta
He robado morales de todas formas y de todos los tiempos, pero fue en vano. Nada debe ser defendido sin cuestionar (solo el rechazo a los traidores). La alegría es un bien inventado y el dolor es auténtico decían los antiguos y hablaban del bien perdido…
Pero ahora me esgunfié de lo inalcanzable y fulero. Dejo que Caronte conduzca mi cama. Aborrezco los libros y me molestan los metros y las cartas de colores de Alba. Busco otros besos menos solemnes y más placenteros. Curiosamente soy más piadoso e inmoral.
Siempre fuimos pasajeros cargando los propios cuerpos, atrapados en la perversión de lo denso, lo ideal. Ya no me sostengo.
De la atracción de los Cuerpos Opacos y otros pensamientos
Base Física:
Una gran densidad (pero grande en serio) por ejemplo la masa de nuestro planeta comprimida al tamaño de una aspirina, ejerce una gravedad sobre lo que tiene a su alcance que le permite capturar todo. Con el ingreso de nuevos objetos, amplía su masa y por ende su densidad, de manera tal que nada puede salir de su campo de atracción, ni siquiera la luz, ésta es absorbida y corre en una sola dirección, en realidad, la velocidad requerida para escapar de esa gravedad es superior a la velocidad de la luz. El espectador de ese fenómeno vería ingresar la luz, y la vería desaparecer instantáneamente. Esto es lo que se llama un Agujero Negro. Se supone que el extremo de esa situación física, es un cuásar, que es por donde regresa la energía absorbida en el Agujero Negro.
Fin de Base Física
Fin de Base Metafísica
Laviga Says:
Hoy leí este comment. La situación era más o menos así: Una persona dio su parecer, no le gustó la respuesta obtenida y aparentemente se ofendió. Lo que sigue es la segunda respuesta que tuvo esta persona. Yo creo que es la mejor definición de lo que es un blog no temático. Decidan ustedes, pero yo quisiera esto para mi laberinto.
Que a vos te cueste creer no significa que no suceda. Y sucede. Y mucho. De hecho, este portazo que estás dando es de pura calentura. O así parece. Por si todavía podés torcer el “jamás”, te cuento que este es un espacio en el que todo está permitido, incluidos los tomates, la soberbia, los caza de combate, el sarcasmo, el arte, el jamás y las disculpas.
En lo virtual es más difícil hacerse entender, es lo divertido del desafío, al menos para mí. No hay guiños ni gestos que acompañen. Todo es ensayo error. Hay poco en juego, mucho juego y todavía hay que aprender a jugar. Como en el arenero de la plaza.
Uno elije si se queda y aprende un juego nuevo, o se va a tomar la leche con Piluso y con los compañeros del cole con los que las reglas ya están clarísimas. Y todos tan amigos.
A mí me parece sobresaliente este escenario definido, en donde todo está en duda y dispuesto a la provocación del pensamiento tanto propio como ajeno para transformarlo con las herramientas de la inteligencia, el humor, la tolerancia, la palabra buscada, la palabra interpretada. Replantear y repensar una comunicación inédita entre fantasmas (es lo que somos para el otro) Un lugar de pensamiento libre y sin estructuras preestablecidas más que las limitaciones e inspiraciones de los participantes.
Celebro entonces, la claridad de estos conceptos y los hago míos.
Vacío
Todas las mañanas, a las seis en punto, le madruga la simpatía y golpea suavemente el hombro para recordarse a sí mismo. En el alma debe darse unos golpecitos más fuertes porque es más dormilona. Entonces abre los ojos. Recuerda tener manos, pulmones (la tos se lo recuerda) nariz (y se siente mejor preparado para respirar) y cuando recuerda que tiene dientes decide lavarlos y se levanta.
Recién en el baño se recuerda completo. Se toca, se palpa y confirma la visión.
Haber podido escapar de ese mundo de vaguedad y desolación (espejo de los deseos y los miedos de otro) lo alienta, hace que se sienta valiente y temerario.
Durante el sueño estuvo solo, porque es el sueño de otro, y no sabe de quien. No lo conoce, pero cree que el dueño de esos sueños vivió o vive en Parque de los Patricios. Muchas veces intentó encontrarse con él en un bar o en la cancha de Huracán, pero si estuvieron frente a frente, no pudo reconocerlo.
Hace 25 años que le faltan sus sueños y no sabe quién los sueña. Por eso, después de tomar un café amargo, se saluda contento de haber vuelto y se va para la Oficina del Correo, donde trabaja de 8 a 17 sin ilusiones.
Los tristes
Los tristes suelen tener cortesía. Afligirse por el destino y sentir que algo se ha cerrado para siempre, será por eso no golpean.
¿A cuántos tristes podría yo salvar esta noche? ¿Cuántos podrían salvarme para beber con ellos de los vasos de soledad? y abandonarnos en la desenvoltura de alcoholes alegres, hasta amanecer tendidos bajo los faroles de una voz nueva.
Y reconciliarnos con la pena y su dulce tragedia.
Y regresar a nuestros puertos, quitarnos la sal, desplegar las velas hasta que las corrientes nos lleven a otra puerta en donde llorar a escondidas.
Resistango del tanghombre
Para tomar un suspiro y ahogarme entre tus piernas
Para arrullar soledades a la altura de Villa Crespo y subirlas a un taxi en Palermo.
Para meter violín en bolsa cuando caen cerezas de tus labios.
Para que las almendras sigan sobrando cuando ya comimos la última.
Para escapar de tus ojos y lamer tu espalda
Hay que ser extranjero de uno mismo, sin fueros ni sentencias.
No confiar en una martingala, y creer en el fugaz engaño eterno.
Para una hora que me espera a la vuelta de una esquina con un puñal de minutos.
Para regresar al centro de tu boca a través de un teléfono.
Para escapar de la estúpida mufa que muestra los cadalsos de tu vereda
Para quitarle el corpiño al silencio y las espinas al café.
Basta con saber que enfrentamos a las estrellas
en una cama, en un cine y en las noches que no resistimos.
Como gotas invisibles
Antes había puesto a un costado, el espejo que agranda las imágenes, para que reflejara lo que iba sacando.
Hice el corte, desde luego me había quitado la camisa (no soy tan boludo ni tan desprolijo aunque vos lo creas) y comencé a sacar cosas: una pelota de futbol, mi foto con Borges perdida hace mucho, las charlas con Castillo -Horacio, claro- y muchísimas cosas más, pero tu nombre permaneció huidizo a mi tacto.
Supongo que la simpleza fue creer que podía estar en Arial negro, pero seguro estaba en rojo y se me confundió con la sangre que salía de mí. Tu nombre tenía que estar ahí. Aunque conociéndote, seguramente, es un poco caprichoso y no se iba a mostrar tan rápido.
En los pasillos me aburro. Y como, desde hace tiempo, no venís a visitarme quería estar frente a algo tuyo, por ejemplo: las letras que me llevan a vos, pero no las hallé.
Claro que este laberinto tiene los sendero de arena y por más que se me escurrieran no iba a escucharlas golpear contra el suelo, por eso tuve mucho cuidado. Sin embargo no las encontré. Saqué mi corazón -con cuidado de no romper nada- y lo puse frente a mis ojos, lo agité para oír su adentro. Nada. Lo acomodé como pude mientras la decepción llegaba. ¿Cómo puede ser que te extrañe tanto, si tu nombre esta cifrado con lo ausente?
De siempre despedida
Con estos silencios no destrabaré tu voz.
¿Qué más he de decir? Me llené con silencios de precipicio, lapicera y labios cerrados. Un pájaro flotando en el atardecer, a miles de metros, es más palabra que mi letra.
Me siento a la mesa de trabajo y oculto sílabas para que tus ojos no lean mis tormentas secas.
Nadie hará nada. Y eso nos condena.
Con estos silencios no llenaré tus sentimientos.
¿Qué más he de decir? Me repito por muerta vez pretendiendo estremecer mi vocabulario hasta que gotee de alas o de espaldas sobre tu escritorio, en tu arquitectura sepultura de voces.
Con estos silencios no inquietaré tus nervios.
¿Qué más he de decir? Mañana seré el mismo, de sur callado y de mirada vertical. Con suburbios apagados en nicotina, con un horizonte apuntalado con muecas.
Con estos silencios no llegaré a tus derrumbes.
Precisiones
No recuerdo con seguridad si fue el martes o el miércoles pasado. Supongo que fue unos de esos días porque yo volvía de algún lado, o del curso de Cine o del Gimnasio. Pero te vi.
Fue por la tardecita y vos caminabas sola. Yo estaba frente a la puerta del ciber y vos ya habías pasado, me llevabas unos veinte metros, o treinta. Enseguida noté que te habías cortado el pelo y supongo que también te recortaste el flequillo, pero no pude verte de frente.
Estarías lindísima. Esa pollera que te compraste para el cumpleaños de tu prima te quedaba muy bien. Incluso me pareció verte más delgada.
Tenías zapatillas blancas, comunes, bah… Topper, pero modelo estándar de lona. Fue lo único que hizo que te reconociera a simple vista.
La Marcha
Hoy salí a buscarte. Caminé mucho, y me enamoré de otra.
Conviene para este caso no explicar, solo hacer un hueco en la idea, sin relleno y sin verbos. Dejar la idea básica, su contorno elástico y nada más. El saludo amable de la despedida. Apenas un movimiento espasmódico de labios, mínima secuencia del quéselevahacer, o del ybuenonoesculpadenadie.
Hoy salí a buscarte. Caminé mucho, y me enamoré de otra.
Yo nunca quiero estar en donde estoy. No sé… prefiero otro mundo, el de la calesita por ejemplo, sin embargo una vez ahí todo se hace ridículo, aunque siga prefiriendo sentarme en un caballo de madera a cabalgar tu desinterés.
Hoy salí a buscarte. Caminé mucho, y me enamoré de otra.
Y sin saberlo, los pasos intuyeron más que mi corazón. Pero como ocurre a menudo, mañana tomaré marcha hasta donde hoy, con la esperanza en que ella haga lo mismo, y con mi idea vacía de todo relleno (como un lazo sin cuello).
Hoy salí a buscarte. Caminé mucho, y me enamoré de otra.
Debés saber que no sabía. No me habías prevenido. Solo quería alcanzarte, sorprenderte. Estaba seguro de que el mundo era una silueta tuya, que no había nadie más y que yo tampoco estaba, pero mis pies se opusieron. Fueron callados y beligerantes, como los héroes suicidas de las oficinas.
Hoy salí a buscarte. Caminé mucho, y me enamoré de otra.
No se guardan los diarios de una guerra. Se decide darla por finalizada, y retirarse a sepultar a los muertos y a llorarlos (los que fueron el relleno de la idea, los uno que ya no están sino en los pies)
Malcolor
Cualquier persona sabe que las palabras índigo son difíciles de aceptar, pero mi lengua es tan caprichosa como transparente.
En la pintura es otra cosa, porque los pintores son artistas y pueden seducir con la forma de la palabra. En cambio, yo no sé hablar sin colorear.
A ella le dije un índigo y la perdí para siempre.
Sé que nadie regresa desde un mal dicho color. En cuanto dije el daltonismo dialéctico lo registró. Era como si lo esperara.
Tomó mi palabra con unas pincitas de filatelia que tiene en el aparador de su casa, y sin mediar un verde, la puso en la paleta de colores junto a un rosa viejo y a un blanco limón, que le sacó a Enrique, el novio anterior. Entonces me ofendí:
—Che ¿a él le toleraste un rosa viejo y un blanco limón?
—Y claro… son palabras menos invisibles.
Quise aclarar que mi sonido índigo es noble como una papa hervida, pero ¡qué iba a saber ella de alquimia en ese momento!
No hubo caso. Me puso de azules en la calle -a mí y a mi arco iris- Por suerte el sol estaba en blanco y negro, y no pasé vergüenza.
El seguir
Entre ágiles maniobras te escapás por mis piernas gemido al sur.
Cuando se desplomen estas murallas de la ciudad infame y la luna resista con café amargo, tal vez te recuerde. Tal vez nos soñemos algún día.
Este perro que ciega su boca y la piedra que amura su dureza se han cansado de mentir, pero es una ciudad infame y no autoriza los cansancios.
Al puerto
Llevame al puerto que allí, el griterío de los comerciantes le hace la segunda voz a la sirena de partida, y los camiones cercanos vuelven a la timidez.
Llevame al puerto, donde todo es más efímero y ya ni marineros quedan, tan solo las ráfagas del viento y el contrabando extraño de las banderas fantasmales.
En los puertos, alma mía, solo quedan soñadores muertos y debo ir con ellos a charlar de las estrellas y de la melancolía y del futuro.
Olvido minimalista
Saqué los naipes franceses que habías escondido bajo mi almohada, y jugué al solitario de los arcanos, después los fui comiendo de a uno (la reina de corazones gritó que me amaba y le gustó morirse en mi boca) Estoy filtrado de cruzar esta frontera para contrabandear emboles de blog a blog, en este mapamundi de perdidos. A los párrocos ya los fusilaron, ahora espero mi turno. Te estás poniendo la gorra.
El Carretero
Por descolorido y descascarado parecen sus maderas, más gastadas que lo normal, pero es muy difícil saber qué es lo normal para un carro de dos ruedas.
A veces lo encuentro e intento moverlo, empujarlo con amabilidad, pero las calles de arena de los laberintos juegan en contra y mi figuración se desprende de él. Tal vez me quede mirando algún pájaro o las huellas del polvo sobre las piedras.
A veces escucho ruidos que me sobresaltan (aunque sepa de donde provienen) con euforia medida busco el carro de dos ruedas, comienzo a correr por entre los muros para verlo y ahí está el carretero (al que jamás se le ve la cara) arrastrándolo con todo fervor.
Me cuesta subir, pero una vez que logro trepar en él, toma vuelo y me admiro en el reconocimiento de un laberinto distinto. Cuanto más alto, más hermosa es mi cárcel, y menos se parece a ella. Cuando a punto estoy de escapar le pido al carretero que se detenga, que vuelva a los pasillos. Apoyamos el carro de dos ruedas contra el muro para que junte las cosas que el viento le arroja.
Como ácaros en el aire
Hoy decidí morder tu médula para poner a sangrar tunombre. Pero floté sin llegar. Mis manos también son ajenas.
Como un cierto tipo de muerte que a la vez es un cierto tipo de vida, que a la vez es un cierto tipo de nada que se esconde al mostrarse sin sonidos.
Y en las ramas se remontaba la primavera, pero al cielo se le caían las primeras hojas…
Escritango del tanghombre
No hay Pampero que arrastre hacia el río la letra de los demonios que, desvelados en tabernas de sombra, tragan mis versos mordidos. En sus bodegas embotellan las noches cuidando no derramar ningún signo.
Susurros de antiguo lenguaje -convierten en vidrio las heridas- hacen vibrar la Letra escribiendo en proyección sombría, en destierro continuo que chorrea las cuatro paredes. Estos súcubos desfloran, en la esquinas del sustantivo, el sexo de las cálidas gargantas.
Si no fuera yo esta cesura de sangre que da liturgia a la tragedia, podría jurar que es mentira que se escriba la vida. Mis signos vitales –espasmos de tu caricia- relatan muertes que aún no han muerto, porque siguen viviendo de la pena mía.
La Intrusa
Ella nos espía.
Clava su blancamirada tanto en el trasnochador ansioso que espera el colectivo, como en una comadreja de Asturias. No le importamos. No somos interesantes para ella. No es una mirada que nos protege sino la mirada del tedio. Ignora las canciones que le componen, y también a Garcia Lorca, de quien nunca escuchó hablar, porque digámoslo de una buena vez: la luna es un blancosordo que se esconde en el espacio transparente
No sé por qué la dejamos entrar al barrio. Una cosa es que vengan cartoneros, cirujas, ladrones, y putas, pero otra cosa es que venga ella a aportar una bulería arrítmica y muda. ¿Quién se cree que es para pasearse por Triunvirato a la hora que se le cante o apoyarse contra la ligustrina de Doña Elena? Habría que cagarla a pedradas para que se vaya de una buena vez y deje de mostrarme lo solo que estoy.
Trampa
Un laberinto acecha en cada instante, en cada guitarra ejecutada, en cada palabra, y en cada puerta que se abre. Hasta la débil musicalidad de un zumbido es una encrucijada gigante, y ante ella nuestra mortal insolvencia de barro y acero.
Esta disciplinada arquitectura (hija de Capricho y Tiempo) exige la clara ceguera y el vano remedio. ¡Elegir! Todo episodio nos subordina a esa fatalidad. La sinuosa duda… la vaga recta… ofrecen entre el llanto y la piedra la falacia de poder escapar…
Pero el Universo puede ser mágico y un misterio te acorrala, en ausencia de lógica puede ser que trepe la Magia, y en un suspiro, en un encuentro, en un roce de miradas, se realiza la esperanza. Acaricia tus pies deshechos, te estremece las palmas y por un instante no perteneces al laberinto, solo al deseo y a su magia.
El Silencio ( a J.C)
Si las primeras veces siente que la búsqueda del silencio lo aturde, evite la decepción. No todos pueden hacer un silencio que los haga felices. Ante todo debe saber que el rumor de la sangre lo espanta, al igual que una mínima molestia en el codo, y que un silencio espantado resulta amargo.
Se dice que en los años que lleva la humanidad, solo ocurrieron una decena de silencios, pero no lo crea. La contabilidad y los datos estadísticos distan mucho de comprender a los silencios.
Antiguamente se creía que ellos eran el resultado de la tristeza, hay muchos que lo siguen pensando aún hoy, pero porque lo conocen a medias.
Sin lugar a dudas el mejor silencio es el que ocurre sin haberlo diseñado, pero que cumple con los requisitos y disciplinas de la levedad. El silencio es una llama oscura, sépalo.
Usted deberá abandonarse de sí mismo y sabrá que el sí mismo es la manifestación del yo, por lo tanto, busque algún perchero, o ante la imposibilidad de encontrarlo deje su yo sobre sobre una cama tendida. Mírelo despacio, que ninguno de los dos se sobresalte.
Usted no será usted y esa es la condición mágica que impone el silencio. No se apresure, el silencio aún no ha llegado. No hace caso ni al sistema métrico decimal, ni al uso horario. Usted sabrá que ha construido un silencio, cuando algo que no estaba con usted aparece misteriosamente. Puede ser una sensación. un pensamiento que nunca había tenido o simplemente, una hojita de afeitar que no estaba en el lugar en donde ahora la ve.
Los astrónomos aseguran que el universo tiende a la quietud absoluta, los poetas, que tiende al olvido, pero usted sabrá, en ese momento, que el Universo tiende al silencio y que respirar el silencio es ser reconocido como sustancia del cosmos.
Utilice la precaución, cualquier cosa puede suceder. Como le dije antes, el suceso es leve pero maravilloso.
Promesa de amor del Tanghombre
Nosotros le dimos a la despedida más emoción que al brindis.
Y sé que no nos veremos más, lo sé porque ni vos ni yo nos pensamos en la ausencia.
Por eso no te propongo mejorar los nuevos días, esos ya están signados por la frialdad. Lo que pido, lo que ofrezco, es recordarnos mejor. Diseñarnos un pasado más cálido.
Y disfrutar, que en una reunión, me senté junto a vos porque elegí ese lugar, y no que estuve en la cocina para no verte, o que aquella tarde de calor fuimos a la heladería y me hiciste reír con la combinación de sabores que pediste, en lugar de no haber ido a la cita.
Que fuimos compañeros de secundaria y que nos iniciamos en el otro. Es mucho más dulce jugar a que nuestro pasado fue distinto, y traer de nuestras ruinas, el material que sirve para reconstruir lo que no fue hecho.
Yo sé que parece alucinado y engañoso lo que pido, pero un segundo antes de morir todo lo que tenga será exclusivamente pasado y no vale la pena no haberte conocido.
¡Ay de mi corazón! por no haber simulado ser feliz.
Las Ventanas Iluminadas
Las primeras en aparecer tienen un carácter burgués y confortable aunque también pueden señalar la presencia de ancianos que intenten volver a leer por enésima vez en el día, el suplemento dominical del Clarín.
Consolidada la nocturnidad, y adquirido un carácter masivo, es fácil saber que las luces encendidas no establecen una comunicación con la alteridad. Que esa luz es familiar y para propios,